El Mirador

Ciudad, mucho ojo...

05.08.2015 | 04:00
Miguel Galindo Sánchez

Hemos de estar ojo avizor. No todo lo que reluce tras los aparentes cambios para regenerar la política es oro. Ni mucho menos. De hecho, hay mucho de oropel. Es como aquella tribu que empieza a descubrir que los espejitos y los abalorios son engañabobos a cambio de dejar hacer al hombre blanco, y entonces, el esquilmador se cambia de color el salacot y saca de la mochila otros regalitos más sofisticados, como espejitos parlantes y collares con pilas. Es lo mismo, pero parece más evolucionado. Es igual, pero es nuevo, y, de momento, dá el golpe de efecto y entretiene al personal. Lo de las primarias, por ejemplo, es un camelo muy bien montado por los partidos que se las dan de progresistas , y a lo que se ha apuntado, forzado por las circunstancias, hasta el mismísimo PP, que de progresismo no conoce ni las letras€ Es algo así (o al menos así lo venden) como democracia interna. Los candidatos serán propuestos por las bases – dicen – y se quedan tan panchos. Antes eran puestos por el partido, y ahora son prepuestos por el partido para que los propongan las bases. Y si el truco se tuerce, el partido tiene el poder para quitarlo y poner a otro, como ha ocurrido en Madrid, y también en Murcia€ Del poco democrático funcionamiento de los partidos ha surgido la corrupción, apuntalada por la mediocridad humana y profesional de los líderes aupados por el partidismo. Por eso, la elección de los candidatos por sufragio interno es una pamema que no va a resolver los problemas endémicos de la política española, en cuya opacidad y manipulación somos campeones de Europa. La auténtica regeneración, la verdadera, pasa por establecer controles externos (no internos) e independientes, de transparencia y sometimiento. Es como el cambio de la Ley Electoral, aquí, en Murcia. Se está mareando la perdiz y magreando a la ciudadanía con algo que es como salir de Herodes y meterse en Pilatos. Las cinco circunscripciones existentes fueron pactadas por un bipartidismo que quería asegurarse su hegemonía con un filtro que obstaculizara el acceso de partidos emergentes o periféricos. De acuerdo. Pero la circunscripción única que se pretende, con la demagógica excusa de una persona, un voto, tiene trampa, dado que este sistema priva a los pueblos, comarcas y pequeños municipios de la posibilidad de obtener representación en la instituciones, a favor de los grandes núcleos poblacionales, que fagocitarían los votos obtenidos en las más reducidas€ Por esto mismo, el famoso ´pacto del Moneo´ fue promovido por los partidos que les interesaba este cambio para futuras elecciones, los emergentes, aún apoyado por el que va en franco declive y que busca mantenerse a flote como sea. Pero la verdad, lo cierto, es que si injusto era el uno, injusto es el otro. Lo que pasa es que la general y extendida incultura de la gente hace que cada cual, por ignorancia propia y ajena, solo sepa arrimar el ascua a la sardina para la que ha sido engatusado. Pero solo existe una manera auténticamente democrática, en la que sí parecen estar todos de acuerdo en esconderla: las listas abiertas. Lo que pasa es que no les conviene un voto y un compromiso directos entre el ciudadano y el político al margen de los partidos. No les interesa que los partidos queden como meros referentes ideológicos de los aspirantes ,y que sean éstos los que se entiendan y respondan personalmente y directamente con el pueblo. Claro que no. Porque eso supondría que gobernarían las personas, pero no las siglas. Y esas personas, aún cada cual de su propia ideología, se responsabilizarían directamente con sus votantes, sin consignas partidistas. Hoy por hoy, el voto del ciudadano está siendo secuestrado por los partidos, que lo usan para sus propios fines. Por eso, los partidos, parapetados en un falso concepto de democracia que nos venden, lo único que persiguen es su propia supervivencia, manteniendo una estructura de poder que subvierte leyes e instituciones del Estado para su propósito y medro. Eso es todo. Y eso es lo que está pasando. La ausencia de mecanismos correctivos alienta la corrupción y la mediocridad política€ El mejor control que se puede hacer a un dirigente es el de otro compañero de formación que puede y quiere mejorarlo, pero cuyo árbitro no es el partido, si no el ciudadano. Así que no nos ofrezcan baratijas. Si los nuevos partidos no son capaces de ver esto, serán tan ´casta´ como a los que quieren suplir, y, al final, lo que pudo ser no habrá sido, por mucho que digan que podemos€ O se les obliga a hacerlo, o habrá que buscar a otros que lo hagan. Pero eso solo está en nuestras manos. Solo en ellas.

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