Verderías

Proporción áurea

Las curvas (sinusoidales, catenarias, cicloides, cónicas?) son trasversales a todas las ciencias y son aplicadas en todas las letras, y por eso desde el punto de vista de todas esas letras y todas esas ciencias resultan perfectas para que los alumnos descubran algo de la magia del saber humano

11.04.2014 | 04:00

Están como una chota. Como una bendita chota. La gente del IES, Instituto de Enseñanza Secundaria, de El Palmar (situado así como a trasmano, casi en tierra comanche, entre el psiquiátrico, la cárcel y Mercamurcia) están haciendo purita ciencia y pura pedagogía trabajando con sus alumnos en el proyecto Un mundo de curvas.

Ya digo, bendita locura la que conduce a un centro educativo a montar unas jornadas del conocimiento en las que ciencia, cultura, formación y valores se mezclan con una excusa temática como es la del concepto y la práctica de los distintos tipos de curvas y cómo la matemática, la historia, la biología, la filosofía y la literatura, o sea el sursum corda de la ciencia y la letra toda junta, se pueden estudiar de forma integral y divertida para que los alumnos adquieran mucho de la pasión de sus profesores por el conocimiento. Si alguno de mis profes del instituto de antaño levantaran la cabeza pensarían cómo es posible que estos personajes se dediquen a una cosa que no se puede encontrar perfectamente impresa y ordenada en un libro de texto de secundaria que aprenderse de memoria.

Aprender y apasionarse con un proyecto educativo como éste es acercarse a la Educación con mayúsculas. Porque resulta que las curvas (sinusoidales, catenarias, cicloides, cónicas?) son trasversales a todas las ciencias y son aplicadas en todas las letras, y por eso desde el punto de vista de todas esas letras y todas esas ciencias resultan perfectas para que los alumnos descubran algo de la magia del saber humano. Con experimentos, con maquetas, con formulaciones matemáticas, con análisis de textos o lecturas de poemas, las curvas nos rodean, nunca mejor dicho, y nos hacen humanos que aprenden a ser más humanos.

Una de las curvas de las que estos pedagogos del IES de El Palmar que están como una cabra se están ocupando en su proyecto es la espiral que se construye con la proporción áurea. Una caña, se lo aseguro. Resulta que a la naturaleza le ha dado por una misteriosa predilección por esta curva, cuyo solo nombre sugiere ciencia mística y secretos. Las galaxias, los nautilus, los brazos de los ciclones tropicales, las borrascas, las conchas de muchos moluscos, las flores del girasol, la forma en la que un halcón se aproxima a su presa o la aproximación de los insectos a las luces artificiales, responden a espirales logarítmicas en la que manda en número áureo, que además se asocia con la percepción de la belleza aplicable en la arquitectura, la música, la pintura y hasta las personas. Lo dicho, una caña.

Traspasar todo esto a los alumnos en experiencias prácticas, creativas, de grupo, sencillas pero completas, divertidas y compartidas entre todos, es una gran idea. La educación es un valor tan potente para el futuro que es preciso echar los restos para que los alumnos de ahora se alejen de esa especie de maldición que afirma que el fracaso escolar y la incultura son los signos jóvenes de nuestro tiempo. Con imaginación y con proyectos educativos como éste se hace mejor escuela y se puede empezar a transitar por el camino (plagado de curvas, eso sí) de una educación de calidad.

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