Emilio Vieites, pintor

18.05.2013 | 04:00

Me adelanto a los acontecimientos, haré uso de mi retina para predecir lo que ya es un hallazgo plástico de interés. Tomen nota del nombre: Emilio Vieites, es el de un pintor joven que dará mucho que hablar y de sentir en la plástica murciana tan necesitada de nuevos impulsos creativos. ¿Llaman ahora a estos casos 'pintor emergente'? No me gusta nada el calificativo, ni la denominación, ni su origen. Dejémonos de eufemismos, se trata de un artista con vocación, de un recién nacido expresionismo abstracto en su ánimo; conjugando inmerso en la textura la materia huidiza de la figuración y la nobleza insinuadora de la misma. Dos tensiones, dos pasiones en el mismo espacio de la obra. No es nada fácil, ni existe concesión al gusto de la moderación, hay pasión y autenticidad en lo pintado; con grandeza de soportes, de tamaño, de materia. Pintor a la usanza de los grandes matéricos de todos los tiempos, de aquella buena pintura española que se echa de menos y que tanto admiraron los que eran incapaces de sentir su pureza y su integridad.
Acaba de llegar de enseñar su obra en Nueva York y me presenta, a sonrisa abierta, a su profesora de inglés. Mucho gusto. Sabe que va a necesitar de su idioma para recorrer el camino que le espera. Veo un adelanto de sus últimos trabajos después de visitar la zona cero neoyorquina. Dos lienzos de un metro por un metro. "En el abismo", o cerca de él; título de grito e inmensidad de lamento profundo. Su sensibilidad renace al mismísimo Goya y sus tormentos.
Cuando se descuelgue la exposición retrospectiva del maestro Cacho, en el MUBAM, vamos a ver la obra de Vieites. Los museos están por abrir las puertas a este murciano en sus primeros momentos, en sus iniciales éxitos. Se nos hará familiar su nombre, ya lo digo, lo advierto, lo aviso, doy fe de su calidad, por si alguien quiere prevenir antes que curar. O quizá ha desaparecido la curiosidad en el coleccionismo, en la afición al arte y las nuevas soluciones y sus aportaciones.
Su paleta es sobria; sus luces, ocultas; sus ocres de tierra áspera responden a un Mediterráneo silente, escondido, guardado en sus ausencias descriptivas del paisaje iluminado. Lo de Vieites es otro universo al que no tenemos demasiada costumbre de atender; deberemos hacer un esfuerzo porque merece la pena. Seguiremos sus estelas y los aromas de sus esencias. Estaremos atentos a su dicción y a su creación con los ojos nuevos de la percepción que merecen sus novísimas luces, sus aportaciones líricas.

Opinion

Andrés Pedreño
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