JOSÉ ANTONIO MARTÍNEZ-ABARCA
Lo único que hará apetecible visitar Eurovegas será la prohibición de que lo hagamos por parte del monjerío de derechas y sobre todo de izquierdas, como la razón de que los niños no puedan resistirse a tocar los excrementos es solamente la cara de asco que ponen los papás. Un mediocre escritor cómo Álvaro de Laiglesia, director de La Codorniz, sin embargo fue un avispado vendedor de best sellers cuando tituló uno de sus libros de humor Nene, caca: los que nunca se hubiesen acercado al libro por su prosa lo hicieron como moscas indudablemente por su olor.
Como también acudieron al último libro suyo, Mamá, teta, por lo mismo que muchos nos acercaremos a Eurovegas: hablar, con mucha incorrección política, de tetas en esta sociedad supuestamente liberada sigue siendo como dejar caer la palabra en un sínodo episcopal. En cuanto alguien en España denuncia que habrá un lugar donde se fuma, se juega y se ven mujeres malas a mí, que jamás voy a esos sitios por indiferencia, se me pone el cuerpo flamenco.
Los puritanos desvelados no deberían demonizar los casinos, el puterío, el pitraque, las malas costumbres, lo que llaman «la basura del capitalismo», porque quienes no tenemos mayor interés nos sorprendemos con la tentación de enfangarnos hasta el gollete en Alcorcón o cercanías. Nos dan ganas de hacer caso a aquel cartel irónico y finísimo con que las escorts de ´alto standing´ en la auténtica Las Vegas se anuncian a los ejecutivos que celebran allí sus congresos internacionales: «Su placer es un asunto demasiado importante como para dejarlo en sus propias manos». Sin prohibición moral, Eurovegas sería un coñazo. La pornografía hace treinta y tantos años, en la Transición política, nos tentaba desde el kiosko porque por entonces era un escándalo, pero desde que Canal Plus, medida de la ética sociopolítica exquisita, con sus películas de los viernes noche extendió por España el ´porno familiar´ (gloriosa expresión acuñada por mi jefe Montiel) ya los mejores sex shops son las parafarmacias y el sexo no es lo que era. Yo espero muy sinceramente que en Eurovegas haya putas.
Espero que en Eurovegas haya putas porque con ellas se podrá construir todo el relato que le falta a la socialdemocracia hasta que invente su alternativa a ese capitalismo de casino que dice detestar. Con que en algún lagartijal de Madrid alguien peque los socialdemócratas españoles ya tienen corpus ideológico para veinte años. Como digo, el único interés que le veo a la prostitución radica en que es un ´casi delito´, como avanzó Rubalcaba, pero yo aguardaré a que el asunto sea delito entero para hacerme, ya que no usuario, al menos simpatizante. Desde luego, lo que me separa del puterío es que atenta radicalmente contra mi moral: es algo demasiado permitido.
Cuando corra riesgo de que me metan en la cárcel, como ocurre en Suecia, me pasaré por Eurovegas.