JUAN JOSÉ MILLÁS
Algunas comunidades de vecinos han clausurado la piscina y la sauna y la cancha de tenis y la sala de cumpleaños infantiles porque crece sin pausa el número de morosos, de gente que no paga. ¿Por dónde cortamos? se preguntan, para llegar a fin de mes. Y cortan por ahí, por el recibo de la comunidad. Es el primer paso para desengancharse del mundo, unos se desenganchan hacia abajo y otros hacia arriba. Cuando Zapatero decidió no acudir a Rodiezmo, se estaba desenganchando por arriba. No sabemos cuándo comienza un político a desclasarse, quizá el primer día que entra en el palacete de Moncloa, que será incómodo para vivir y todo lo que ustedes quieran, pero donde no hay recibo de la comunidad y donde no es preciso por lo tanto cerrar la piscina ni la cancha de tenis cuando la crisis ahoga.
Ahí empieza uno a salirse insensiblemente de su clase, de modo que cuando le llega la invitación para acudir a Rodiezmo al objeto de compartir un vino peleón y unas empanadas con un grupo de mineros con pañuelos rojos al cuello, se dice uno: qué pereza. Y acude el primer año y el segundo, por aquello de las apariencias y de la fidelidad al pasado, pero al tercer o cuarto año le dan a la fidelidad y a las apariencias y se queda uno tranquilamente en su palacio, donde lo tiene todo a mano sin necesidad de pagar ningún peaje. Zapatero acaba de completar su proceso de desclasamiento largándose a una alta institución del Estado, cuyo nombre ahora no me viene, y que es una versión del más allá reservada para los expresidentes. Su partido ha quedado en manos de una panda de menesterosos que si no entran en la ejecutiva o en algo van a tener problemas con el recibo de la comunidad. Y es que ahora mismo la gente se desclasa mayormente por abajo. O sea, que caen.
Algunos caen a la piscina sin agua que la comunidad ha decidido clausurar por problemas de caja. Ese primer recibo que no pagas, decíamos, es el primer corte al hilo umbilical que te mantenía unido al mundo, a la realidad, a la lógica en la que te habías instalado. Es duro por una parte, pero por otra resulta que había demasiadas piscinas, demasiado cloro, demasiadas canchas de tenis comunitarias vacías. A lo mejor, ese alejamiento del mundo es, paradójicamente, un regreso a la realidad.