Palabras

Garzón al paredón

 04:00  

PEDRO GUERRERO RUÍZ Aunque por otros motivos, ni uno ni otro, Garzón y Tarancón, fueron santos de mi devoción; pero gracias a éste se dio un paso importante en el camino de la restauración democrática española avalada por el Vaticano de entonces que en casi nada se parece al de hoy; y gracias a aquél, a Garzón, se detuvo a los principales valedores de una trama de pícaros blanqueadores de capital y a costa del dinero público, o se sabe que alguna docena de militantes del PP tienen pendientes causas con la Justicia, aunque extraño ya es que se juzgue al juez antes que a los implicados en lo que se conoce como trama Gürtel. Pero últimamente, a Garzón se le tenían ganas.

Como se le tenía ganas a aquel «Tarancón al paredón» igual que al juez, por desenterrar a los asesinados por el fascismo franquista, por remover lo que estaba ´atado y bien atado´ que no era sino la consideración de que la decepcionante reconciliación nacional superaba todo juicio a la dictadura con aquella frustrante Ley de Amnistía.

Ha sido ahora, sin oír al presidente del tribunal que le dio a Garzón la razón de escuchas a abogados que pudieran estar inmersos en la trama y que los fiscales también lo hiciesen, a la vez que un magistrado que entendían de la búsqueda de las pruebas del delito, cuando el Tribunal Supremo ha echado de la Audiencia Nacional, con evidente indefensión y para siempre, al juez que llevaba el caso. Y ha sido la derecha de siempre, con pillos, y la extrema derecha a la cabeza de la operación, auxiliados por algún juez que les ha dicho cómo se hacen las denuncias y los recursos, cuando ha llegado la sentencia. Garzón, expulsado de su profesión, que tendrá que pagar al gánster las costas de un juicio donde también han decidido en la sentencia dos magistrados claramente enemistados con Garzón (justicia injustificada). Es así, de mala manera, como el Supremo ha dejado en sombras la continuidad de una justa investigación.

Se lamenta la portavoz de los jueces de que se le llamen fascistas a los colegas que han dictado ´su´ justicia, con otras voces que añaden el acatamiento de la sentencia. ¿Acatar? ¿Acatar la injusticia? Veamos un ejemplo, no judicial, pero sí de justicia, que he oído en alguna parte: el árbitro es un juez de un partido de futbol. Si un jugador está fuera de juego y lo marca el ayudante, lo normal es pitar ese fuera de juego para enmendar la situación de justicia deportiva. ¿Qué pasaría si el árbitro le sacara tarjeta roja al jugador? ¿Sería un acto justo? ¿se debería acatar, o estaríamos ante un exceso radical de la impartición de la justicia en una jugada? Pero eso sí, el jugador ya está fuera del campo.

Suponiendo que el Tribunal Supremo haga jurisprudencia con esta expulsión, aunque tenía en su mano otras medidas para impartir justicia, aun a pesar de que la propia fiscalía le solicitara que retirara juicio contra Garzón; suponiendo que la doctrina del Supremo fuese la justa, que no lo es para muchos observadores, magistrados y teóricos de la ley, que se sienten avergonzados ¿se debería acatar aún pensando en la excesiva penalización de los árbitros del Supremo? Yo, desde luego, no creo en esta justicia que interpreta las leyes desde una posición extralimitada de su aplicación.

De otra parte, alguien, sirviéndose de un dicho popular, ha asegurado que el fin no justifica los medios. ¿Los medios que Garzón utilizó para descubrir una trama de la derecha española, en la que estaban implicados, según él, abogados de los delincuentes, no se justifican con la finalidad de coger a todos los malhechores y a sus cómplices? Y otra: ¿serán ilícitos los medios de desenterrar a los muertos asesinados por el franquismo, que no es sino el apoyo judicial para descubrir las fosas y enterrar con dignidad a aquellos inocentes republicanos? ¿es también ilícito condenar el golpe de Estado contra la República española y los crímenes de lesa humanidad después de aquella guerra incivil?
¿Y por qué Garzón se la estaba jugando? ¿el por qué ´Garzón al paredón´, que es tanto en su caso profesional como arrancarle la toga de magistrado?

Una cosa está clara: un juez como Garzón no es fascista. Y no lo es por su compromiso con las causas internacionales justas y de constitucionalidad democrática, que ya sería bastante. Por eso, en estos momentos, lo que se juzga es la decisión del Tribunal Supremo por quienes ni compartimos, ni aceptamos, ni respetamos, ni acatamos la sentencia, dictada con una velocidad insólita para quitar de enmedio al juez, y amparada por los pillos y la extrema derecha, y por la voz de su amo, Gallardón, quien no irá a ningún ´paredón´ de la justicia porque él mismo se encargará de reformarla en beneficio de la autonomía electoral del Poder Judicial que deteriorará el marco constitucional de soberanía popular que reside en el Parlamento.

Y entonces, sólo entonces, la Justicia será, como en aquel totalitarismo sin control democrático del franquismo, un concepto solamente.

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