JOSÉ ANTONIO MARTÍNEZ-ABARCA
La Ley de Amnistía, en la Transición, fue ciertamente un esfuerzo para no recordar los crímenes cometidos sobre todo de un bando. Por supuesto, me refiero al de los perdedores de la Guerra. La amnistía no fue, en ningún caso, algo para salvar a los franquistas, sino una ley de la izquierda, concretamente comunista (venían pidiendo algo así desde decenios antes, en la clandestinidad). Los que más celebraron la Ley de Amnistía, que hoy se presenta falsamente como una coartada de impunidad en una única dirección que se dio a sí mismo el Antiguo Régimen, no fueron sino los presos de ETA, que salieron a manta. Cierto, la Ley de Amnistía la promulgaron, perjurando por lo bajo, los gobernantes que habían sido franquistas, con la abstención de Fraga... y el entusiasmo de Carrillo, que no se vio obligado a ello porque le pusieran una pistola en el pecho. Fue una gran Ley de y para la izquierda, aunque los que ahora reescriben la historia (¡tan mayorcitos, y aún dedicándose a jugar en la calle!) la hacen pasar por lo contrario.
Decretar la amnesia fue lo mejor para un país con las características del nuestro. Un español con memoria tiene más peligro que un chimpancé sacando tarjetas rojas. Los únicos que han venido teniendo derecho a recordar, es decir, a tener ´memoria histórica´ fueron los tres o cuatro demócratas incautos que había cuando los dos totalitarismos, hace cuarenta años, trasteaban España. Tres o cuatro, de los cuales quedarían vivos al deceso del dictador Franco uno o dos. Los demás no tienen derecho a tener memoria, por su bien y por el nuestro.
Por supuesto, el juez Garzón, que no es heredero de aquellos tres o cuatro demócratas de 1939 sino que representa obviamente a los nostálgicos de uno de los dos totalitarismos (él nacido republicano que devino soviético) no tiene derecho a ejercer memoria alguna. Los propósitos de Garzón no son nobles, incluso aunque se resolviera que saltarse la legalidad es legítimo, porque lo defendido por aquella república sovietizada por la que algunos claman ahora ante el Tribunal Supremo no fue nunca noble. El rescate de la dudosa ´legalidad republicana´ que no tenía ya otro contenido que el de los servicios secretos de la URSS jamás puede ser un propósito noble. No. Mejor que no se acuerde nadie de que en España, en los años 30 del pasado siglo, aquí defendieron el Estado de Derecho de las democracias occidentales unos pocos extravagantes, fusilados en el mismo paredón por los dos bandos o exiliados por el mismo motivo contrario.
¿Cuánta gente en España, en el 36, creía en el Estado de Derecho moderno? Tres o cuatro raros afrancesados, cuando no anglófilos. Gaziel, Chaves Nogales... no muchos más. Los españoles eran totalitarios, y Garzón, albacea de una de las dos masas enloquecidas, se ha tratado de cargar una Ley de izquierdas.