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No pasa nada. ¿O sí?

"Dé usted una vuelta por el barrio, busque un piso que le guste y nosotros le prestamos el dinero para que se lo compre"

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JUAN JOSÉ MILLÁS Se llama ´deuda indigna´ a la que se produce cuando el prestamista sabe que el hipotecado no podrá saldarla. Quiere decirse que no merece ser devuelta. También es nula de derecho la conocida como ´deuda odiosa´, que es la que un banco otorga a un Gobierno ilegítimo. Decimos esto porque, pese a ser evidente, se habla poco de ello. Hasta el estallido de la crisis, los bancos produjeron deuda indigna por un tubo. Un capitoste de la central telefoneaba a un director de sucursal y le decía:
—Muchacho, tienes que conceder cien préstamos hipotecarios antes de enero, de otro modo nos quedamos sin las recompensas de fin de año.

El director de la sucursal se apostaba entonces a la puerta del banco y, en una especie de atraco inverso, invitaba a entrar al primero que
pasaba. Aunque el primero que pasaba ganaba mil euros al mes, el ejecutivo le convencía de que podía meterse en un préstamo de 850.

—Dé usted una vuelta por el barrio, busque un piso que le guste y nosotros le prestamos el dinero para que se lo compre.
—Pero oiga, si solo gano mil euros.

—Mil euros son una fortuna, hágame caso, no pierda por timorato la oportunidad de su vida.

La casuística es abundante. Pese a que ya entonces el Banco de España avisaba un día sí y otro también de que la vivienda estaba sobrevalorada en no menos de un 30%, los bancos privados efectuaban tasaciones disparatadas.

—Si usted no puede hacer frente a los plazos —informaba el ejecutivo bancario—, no pasa nada. Vende el piso por un 20% más de lo que le costó y todavía se gana un dinero. Se lo quitarán de las manos. No pasa nada.

Sí pasaba. Está pasando ahora y no sabemos cuánto durará la procesión. La deuda privada tiene el tamaño de un tsunami, que aún se encuentra en fase de coger carrerilla para inundarnos a todos. Gran parte de los indignados del movimiento 15M pertenecen seguramente a familias sometidas a deudas indignas. Tales deudas se deberían revisar porque, como las odiosas, no obligan o no deberían obligar al deudor.

Si no lo leo, no lo creo


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Por José Alberto Pardo

Hoy creo en el mundo. Hoy creo en esta pequeña región murciana. Y hoy casi creo en España. Así, en mayúsculas, casi de la mano, como una hermandad

 
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