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¿Quiénes son los indignados?

"En nuestra sociedad actual existe un gran descontento social por los graves problemas sociales y económicos, que no han caído del cielo, sino que se han ido forjando a lo largo de años"

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JOAQUÍN SÁNCHEZ En nuestra sociedad actual existe un gran descontento social por los graves problemas sociales y económicos, que no han caído del cielo, sino que se han ido forjando a lo largo de años. Las causas han surgido de la avaricia, la codicia, la falta de ética y la crueldad de personas con gran influencia, por tener una posición privilegiada tanto políticamente como económicamente, y que, a través de instituciones y organismos, han ido presionando para que las decisiones más importantes y relevantes vayan en la dirección de empobrecer a la ciudadanía y enriquecer todavía más a los que tienen dinero y que podrían vivir unos cientos de años sin preocupación de tipo monetario.

Este descontento social, con el paso del tiempo, ha ido produciendo una hastío social, que ha dado lugar a la aparición del movimiento 15-M como una respuesta organizada y plural ante tanta injusticia, el ataque continuado del Estado del Bienestar, a los propios estados que han
perdido soberanía y a la reducción de las expresiones democráticas a la mínima expresión (votar cada cuatro años).

Ante la aparición de este movimiento social, han ido surgiendo posicionamientos diversos, donde la indignación es el punto de contacto, pero desde perspectivas muy diferentes. Voy a describir algunas de ellas.

Los indignados del ´ya pasará´. Son los que esperan que esta situación se resuelva de una manera mecánica. No saben ni quiénes pueden resolverla ni cómo. Creen que con el mero paso del tiempo, todo se arreglará y volverá el trabajo y el consumo. La frase favorita es «no creo que esto dure mucho».

Los causantes de los indignados. Son los especuladores, los inversores, los financieros, los multimillonarios, los altos ejecutivos, los responsables de organismos internacionales (Banco Mundial, FMI, BCE…) y muchos gobernantes de todos los ámbitos –estatales, autonómicos y municipales–. Quieren que la indignación se viva en casa y desprestigiar cualquier movimiento social e impedir que la ciudadanía asuma su compromiso de exigir responsabilidades de los verdaderos culpables y exigir respuestas que favorezcan a los más desfavorecidos socialmente, fomentando la insolidaridad, la indiferencia, la sumisión, el racismo y, sobre todo, el miedo.

Los indignados con los indignados. Son los que se enfadan, o mejor dicho, los que se cabrean con este movimiento porque se oponen a llevar a la agenda política otro mundo posible y necesario y porque quieren que todo siga igual y que nada cambie. No les importa el sufrimiento humano, sólo ser cómplice de los poderes económicos y beneficiarse de esta complicidad. Conciben al movimiento 15-M como un movimiento peligroso socialmente y piden mano dura y represalias para disolverlo. Legitiman un sistema financiero depredador, una democracia basada en jornadas electorales y una vez terminada, los que han obtenido más votos que gobiernen y que respondan más a los intereses de los mercados financieros que a las necesidades de la gente.

Los indignados conformistas. Son los que dicen una y otra vez que esto va muy mal, incluso, aciertan en señalar quiénes son los responsables de la crisis financiera y piden medidas para salir de ella sin precisar nada. Tienen una actitud de desdén hacia este movimiento y utilizan expresiones como «estos chicos», «estos jóvenes demagogos», «no piden nada concreto», «dándole cincuenta euros semanales se acabaría todo»…

Algunos dicen que hay que escucharles, pero que no entienden de los mecanismos económicos y políticos. Que no tienen propuestas. Son los que cuando fueron jóvenes lucharon por la democracia y la justicia, pero se han instalados y se consideran los ´progres´, pero mantienen el status quo.

Los indignados comprometidos. Son los que han hecho de la indignación una motivación para salir de la soledad y de la queja de la mesa de camilla. Son los que se ha autoconvocado con la intención de sensibilizar, movilizar y transformar la sociedad con propuestas reales, factibles y que redundan en toda la sociedad y no deja a nadie fuera.

Son los que no han convertido su indignación en ira, en violencia, en indiferencia, en anonimato, en frustración. Han convertido su indignación en lucha, en compromiso, expresado desde la no-violencia y en propuestas políticas. Decía en un artículo Ángel Montiel que había más política en los carteles de la acampada en La Glorieta que en la propia campaña electoral.

Son los que nos han hecho de nuevo soñar y nos han hecho recuperar la esperanza. Prefiero, personalmente, soñar, estar con los indignados
comprometidos, antes que sufrir la pesadilla de los poderes financieros y la sumisión de los que gobiernan. No sé cuál será el futuro de este movimiento, pero ha merecido la pena vivir lo que hemos vivido y sin duda alguna habrá un antes y un después.

Si no lo leo, no lo creo


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Por José Alberto Pardo

Hoy creo en el mundo. Hoy creo en esta pequeña región murciana. Y hoy casi creo en España. Así, en mayúsculas, casi de la mano, como una hermandad

 
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