JUAN JOSÉ RUIZ MOÑINO
Sigue habiendo un conflicto internacional que, como murciano y español que soy, me preocupa de manera especial y me enoja particularmente por la responsabilidad que en ello tenemos los españoles. En pleno siglo XXI, Marruecos sigue empeñada en negar la existencia de un país que ha sido reconocido por decenas de Estados de todo el mundo y que es miembro de pleno derecho de la Organización para la Unidad Africana (OUA). Un territorio sobre el que la ONU ya exigió a nuestro país en 1966 la celebración de un referéndum de autodeterminación y que, desde la vergonzosa huida de España en 1975 quedó en manos de Marruecos, que invadió el Sahara Occidental extendiendo por doquier el reino de terror y tiranía que representaba el sátrapa reyezuelo Hassan II.
El fin del milenio trajo consigo un nuevo Rey a Marruecos que alentó esperanzas de que, por fin, se obedecería el mandato de la ONU y el nuevo siglo podría comenzar con un conflicto menos, un nuevo país en el Magreb y una nueva esperanza para un pueblo que ya ha sufrido más de lo que humanamente se puede soportar. Más de 200.000 saharauis permanecen refugiados desde entonces, en una de las regiones más inhóspitas del planeta, el territorio argelino de Tinduf, donde sobreviven con enorme dignidad en unas condiciones límite, gracias, exclusivamente, a la ayuda humanitaria internacional, esperando la libertad y el derecho a vivir en su propio país.
Pero son también miles los saharauis que, después de la invasión del territorio por parte de Marruecos tras la ´Marcha Verde´, no pudieron abandonar el territorio y sufren por ello una constante represión que ha conseguido que prácticamente todas las familias saharauis tengan un pariente asesinado, desaparecido o torturado como consecuencia de las prácticas represoras que Marruecos aplica a un pueblo al que, de hecho, ya le ha usurpado su territorio con el que negocia y se enriquece impunemente (ahí están los píngües beneficios que deparan para la monarquía alauí tanto los campos de fosfatos de la región de Bucráa como el feraz banco pesquero).
La misma impunidad de que gozan ante una comunidad internacional que intenta esconder su pasividad ante la constante violación de los derechos humanos con la que evidencia una escandalosa inoperancia e ineficacia para hacer respetar la legalidad internacional y los Derechos Humanos que deberían alcanzar en justicia al pueblo saharaui.
Una inoperancia que resulta especialmente dolorosa y sangrante para todos los españoles que, después de la vergüenza del abandono de 1975 tenemos que sufrir la actitud de un Gobierno como el actual que, en lugar de realizar una presión diplomática eficaz asumiendo sus responsabilidades históricas y morales, como hizo Portugal con su ex-colonia de Timor Oriental, se ha dedicado a patrocinar el negocio de la venta de armas con las que las fuerzas marroquíes diezman y reprimen a la población saharaui. Un negocio que, tirando por lo bajo, supone un beneficio anual de dos millones de las antiguas pesetas, según informes elaborados por la Cátedra UNESCO de la Universidad Autónoma de Barcelona. Un negocio que se amplía con la negociación de los tratados de pesca que realiza la Unión Europea, que recompensa a Marruecos por la explotación de unas aguas que sólo corresponden al pueblo saharaui.
España no puede tener la conciencia tranquila cuando nuestro Gobierno sigue primando los intereses comerciales sobre los derechos humanos del pueblo saharaui al que cuando nos interesó tratamos como hermano para arrebatarle su riqueza minera y pesquera con la que iniciamos un importante desarrollo económico en España y al que después abandonamos al capricho de un dictador mostrándole la cara más amarga de nuestra indiferencia.
Cuando estás en los campos de refugiados y algunos saharauis todavía te enseñan orgullosos su DNI español; cuando te reúnes en el desierto de Tinduf con ancianos saharauis que te hablan con orgullo de su etapa como miembros de las Cortes Españolas en representación de la provincia del Sahara; cuando hablas en la Región de Murcia con tantos que hicieron ´la mili´ en el Sáhara... te sientes inexcusablemente en deuda con quienes sabes que, hace tan poco tiempo, han sido tus hermanos y te ves comprometido con una causa que, no sabría decir muy bien si es más o menos justa que otras, pero sí que es tan justa como la que más y también es más mía y más cercana que otras.
Y, sobre todo, que es más responsabilidad mía que otras y, por lo tanto, estoy obligado a insistir en la exigencia de la resolución de un conflicto demasiado largo que está haciendo sufrir a demasiada gente durante demasiado tiempo.