JAVIER CUERVO
George Bush Jr., ex presidente de EE UU, estuvo recientemente en Haití para supervisar la reconstrucción y fotografiarse con un mango, fruto para la esperanza. A ver si esa reconstrucción le sale mejor que la de Nueva Orleáns o la de Iraq. Tony Blair, el multimillonario católico, circula en alta velocidad por la tercera vía que preconizó ahora desde su banco de inversión, sin duda su nueva maquinaria para seguir defendiendo los elementos básicos del Estado del bienestar en la era de la globalización. José María Aznar, paladín del bodybuilding abdominal, conferenciante de lujo, escritor de best-sellers y asesor de un magnate de la comunicación, acude a los límites de la cristiandad pero no baja a Iraq.
Se preocupa Occidente por la marcha de Iraq de las fuerzas de guerra sin dejar el país en paz. Derribadas las estatuas gigantes, capturado el tirano, mostrado al mundo en calzoncillos y ejecutado en la horca, lo demás fue naufragio. La guerra liberal externalizada y subcontratada para demostrar la eficacia del mercado es la más cara después de la Segunda Guerra Mundial. Han fracasado la guerra y el mercado sin que la democracia llegue a los domicilios de los iraquíes. A los 4 años de la guerra se hablaba de 650.000 iraquíes muertos, alrededor de 2 millones de refugiados y más de 3.500 bajas en las filas de las tropas de ocupación era el balance de la guerra de Iraq. Ahora, con otros parámetros, se calcula que la contienda bélica deja más de 4.400 estadounidenses muertos y más de cien mil civiles iraquíes fallecidos.
Iraq queda arrasado, depauperado, diezmado, retrocedido y fanatizado. Bush, Blair y Aznar, los autores o actores de la mayor y más sangrienta mentira del siglo XXI, contrastada por los hechos y reconocida por ellos mismos en todo o en parte (las armas de destrucción masiva que no había) viven de su palabra. La trinca de la credibilidad.