MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ
Casi me tachan de traidor por el de las autonomigas. Tanto los don Camilo como los Pepone… Se ve que hay interesados intereses en juego.
Pero no vayan a creer que yo no fui entusiasta autonomista. Lo fui. Y, como muchos, por puro y descentralizador idealismo. Lo que pasa es que, cuando se hace ideal negocio de los ideales, entonces uno se siente defraudado por tanto que se defrauda. Y entonces me vuelvo en contra, lo siento. Decididamente en contra de un diseño que deviene en ser rácano, egoísta y hedonista, insolidario, chantajista y, por todo ello, brutalmente insostenible tanto social, como política, como económicamente hablando.
Aquí —nos ha sacado la cuenta Europa, aunque se silencie— sobran millón y medio de funcionarios. La tasa de absentismo entre esos mismos funcionarios supera el 20% (comparen con el 1% alemán por vergonzoso ejemplo). Superamos en 30.000 coches oficiales a todo EE UU of América of Obama. Acojonante, en verdad. Nosotros, con un Pib once veces menor que Norteamérica tenemos, tan solo en BarSelona con cedilla, trescientos de alta gama con chófer dándose faldonazos por las Ramblas. Doscientos solo en Sevilla. Y así todos y todas… Ítem más: pasamos de los 35.000 asesores comiendo la oreja a nuestros políticos y de las sartenes autonomigas. O la indecente, idiota y kafkiana ocurrencia del absurdo gasto en sistemas de traducción simultanea para unos Senado y Parlamento cuyos miembros en su totalidad disponen de una lengua común en la que entenderse.
Existen más de 200.000 funcionarios que, por más de 12.000 millones de euros, se dedican a hacer ingobernable un Estado —del de España hablo— inventando normas, reglas y leyes diferentes, distantes y distintas, y hasta opuestas entre sí, que convierten a las autonomigas en patrias navajeras y barriobajunas. El concierto económico vasco-navarro hace que las dos regiones más ricas de tal Estado paguen ocho veces menos que lo que les corresponde. O el del tripartito catalán, con 36.000 funcionarios, y que además malgaste más de 3.000 millones de euros en embajadas nacionalistas, empanadas independentistas y referéndums ombligueros de patio de Monipodio. Y, encima, se atreven a chantajear y amenazar abiertamente al Gobierno central por no humillarse por donde no ha pasado el Tribunal Constitucional con el atraco del Estatuto.
Así que es normal, muy normal, que el Banco Central Europeo, BCE, no nos quiera prestar un euro más, ni siquiera al 18% (ocurrió el pasado 7 de mayo) a esta banda de mangantes. Y es que, mientras Grecia acababa de anunciar una reducción de su déficit público del 41%, España incrementó su déficit de caja un mismo 41%, o sea, en 15.500 millones de euros. En cuanto a la deuda pública, en este mes salen 25.000 millones a ver a qué tontos se los colocamos, y, encima, cajas y bancos tienen que refinanciar con el aval del Estado porque a ellos ya nadie les suelta más pasta. 80.000 millones este año, 90.000 el que viene, 100.000 millones al siguiente… tales son los números. Esa es la muda y cruda realidad. Pero nosotros seguimos manteniendo un sistema miserable y ruinoso de autonomigas que, encima, nos divide, nos separa y nos despedaza como país y como nación.
Y una vez aclarado y ratificado en mi anterior, mi pregunta es: ¿El actual Gobierno y/o el principal partido de la oposición están por la labor de poner coto a este enorme despilfarro? No. Rotundamente, no. Ambos están vendidos y bien vendidos a sus menestrales autonómicos y a los partidorzuelos comprapoyos a cambio de vampirizar al Estado de turno. Y éstos ya no lo disimulan en absoluto. Y lo proclaman alto y claro, sin-vergüenzas ni pudor alguno. Para que ningún bobo se llame a engaño. Así que esto es lo que hay… Habrá que ir pensando en los que piensan, y reconocen, y airean, y denuncian sin ambages que, en realidad, y a pesar de Jardiel Poncela, los ladrones jamas han sido gente honrada.