JOAQUÍN ÁNGEL DE DOMINGO MARTÍNEZ
Por fin un día once de un mes, que se recordará por cosas buenas. El once de julio de este año, marca un antes y un después en la historia futbolística de nuestro país. Y no solamente en ese deporte, también en otros muchos: motos, tenis, baloncesto, ciclismo... España está de moda. En todas las partes del mundo se venden camisetas, banderas, recuerdos y toros de España. Lejos de la polémica de toros sí, toros no.
Claro que con la oposición a la cruenta lidia, encabezada por Cataluña, la localidad francesa de Céret hace su agosto acogiendo a los taurinos de esa región catalana, con sus barretinas para cobijarse del sol veraniego.
No hay balcón, coche o casa sin una bandera de España. En las playas las tradicionales banderas de los guiris, alemanas, danesas o inglesas, se han sustituido por las de España. Claro que antes sabías cuando existía un organismo oficial, por las bandera en sus fachadas. Y ahora o te fijas mucho, o te metes en una casa particular para arreglar el papeleo de turno. No digo yo que lleguemos al patriotismo norteamericano, donde sus barras y estrellas aparecen hasta en las cortinas de los baños. Pero nos acercamos mucho. Es la primera vez, que todos los españoles estamos unidos por una misma causa. Hasta nos parece bien que junto a la bandera española aparezcan, en plena celebración del triunfo, otras banderas, como la catalana, la asturiana y la canaria. Lástima que la murciana, por ahora, no aparezca. Quién sabe si en un futuro con, Pedro León, figure también, junto con la de Mula. El caso es que, desde Punta Umbría a Finisterre, España es todo patriotismo. Que no sé si me alegra más por la unión de todos los españoles o por darle en las narices a los de siempre y a los agoreros que preferían que perdiera la Selección antes de darle una satisfacción a Zapatero. Y encima, el gol de la final lo ejecuta alguien que ha nacido en una región, que hasta no hace mucho, formaba con la de Murcia, una misma familia. Aún recuerdo cuando con los estudiantes de Albacete compartíamos aulas en la Universidad de Murcia. Hoy ya tienen la suya y ya no vienen. Y lo que es peor, nos miramos mal por culpa del agua. O mejor, por culpa de la falta de concordia y diálogo. En fin, eso es otra guerra que no se soluciona con un disparo desde el borde del área.
Por unos momentos se olvidaron las polémicas por la ley del aborto, la sentencia del Constitucional sobre el Estatuto, y hasta los hinchas del Madrid se alegraron de que un culé de pura cepa como Puyol, marcara un gol a los teutones, con un ímpetu que solo un español sabe hacer.
Cosas del fútbol. Ya no importa si la crisis es incompatible con la millonada que ganan los jugadores de fútbol ni si van a cobrar una prima extraordinaria por proclamarse campeones del mundo. Lo que importa es que llevemos a partir de ese once de julio una estrella en la camiseta del equipo español. Eso sí que es empezar bien el estío, aunque sea el más caluroso desde hace muchos años. Qué fácil es hacer feliz al ciudadano. Basta con tocar sus sentimientos patrios y después esperar, como mínimo, cuatro años para seguir luciendo con orgullo que somos los mejores del mundo, nada más y nada menos que en fútbol. Al menos, durante este verano seremos felices. Septiembre nos volverá a la realidad de la crisis y dejaremos ya de ser todos de un mismo equipo. Pero eso también es la vida misma.