Todo esto, me recuerda a la religión: los mercados financieros serían los nuevos dioses, los gobiernos serían sus sacerdotes y el pueblo tendría una actitud de adoración y resignación
Pero las neuronas son alterables y caprichosas por demás, y una mala noche, una buena farra o, simplemente, la edad, les hacen huir, para no volver jamás
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