Compañero del alma, Carlos Valcárcel, sé que me escuchas porque estoy cierto de que, desde hace unos días, vives en la Gloria Bendita, que es donde van a parar los hombres, en el buen sentido de la palabra, buenos. Y tú, caballero de capa y sin espada -hombre de paz- habrás entrado allí por la puerta grande y a hombros de arcángeles y serafines.
Tanto es así, que en la época en que, no sé si para bien o para mal, yo había sido pregonado poco menos que enemigo público número uno, tú fuiste uno de los pocos que, al cruzarse conmigo por la calle, no mirabas hacia otra parte ni me negabas el saludo. Incluso compartimos algunas tertulias con el pintor Muñoz Barberán y el cura Alfonso Garrigós.
Teníamos un hobby común: nuestras inquietudes culturales, y cada uno por su parte, hacíamos nuestros pinitos. Yo ganaba juegos florales con poemazos de los cuales no quiero acordarme; Alfonso escribía poemas de amor, si bien en el ámbito de la poesía secreta. Pues dada su condición de sacerdote, tenía hechos votos de castidad y de obediencia; tú ya eras uno de los periodistas más importantes de Murcia. Por no decir el que más. pero sabías descender a nuestra altura sin que apenas nos diéramos cuenta. Y Manolo ya era un pintor consagrado.
Os recuerdo con verdadera nostalgia. Díselo si te los encuentras por "esas alturas/ por donde los astros van" (Zorrilla).
En otro orden de cosas, guardaré un recuerdo no demasiado bueno de ti, ya que, a última hora, me has hecho una gran putada que no esperaba de tu parte y, además, con nocturnidad y alevosía: la de haberme convertido con tu ausencia en el decano, o algo así, de los opinadores en las columnas de los diarios murcianos. ¡A mí! que con mis 86 a cuestas, todavía pretendo andar de ligón por la vida. No obstante, te lo perdono porque doy por descontado que lo hiciste sin saber lo que hacías.
A cambio, voy a pedirte un favor: el de que intercedas por mí cerca del Creador del Cielo y de la Tierra.
Ardua tarea ésta. Pues las tengo hechas de todos los colores.
Repito: Hasta pronto, Carlos Valcárcel Mavor.