Creíamos que la Transición superaría el dolor, acogida como bálsamo para restañar heridas, aunque hoy, setenta años después, comprobamos que los asesinados en zona republicana, todos o casi todos, descansan en fosas familiares, recordados en lápidas pétreas por sus deudos, en espacios públicos como caídos por Dios y España. No ha sido así para los condenados en juicios sumarísimos -sin garantías- muchos de ellos por el hecho de ser republicanos. ¿Cómo no reconocer que los olvidados, los que defendieron al Gobierno legal, no tienen el mismo derecho que los vencedores?
La banda sonora de Amar en tiempos revueltos -"le canto al mar por aquellos que supieron olvidar"- es una actitud autodefensiva ante el temor a represalias. Pero no en la memoria de los familiares de asesinados y enterrados en fosas comunes, que se conforman a olvidar, sin odio. El juez Baltasar Garzón está suspendido de funciones precisamente por defender a los miles de familiares no restituidos.
Mis sinceras excusas a quienes no compartan mi objetiva y libre opinión.