n AfganistÁn y la escalada militar. Si la OTAN quiere abandonar Afganistán en 2011, como está previsto, sin dejar tras su paso un erial peor que el que se encontró, no le queda más remedio que crear las condiciones para poder pactar con las diferentes fuerzas insurgentes desde una posición de fuerza. Después del discurso de Obama en Oslo, sólo cabía esperar lo que está pasando, la escalada militar en ese país asiático. España acaba de levantar la limitación al uso de sus helicópteros por parte de mandos de la OTAN, por lo que ahora ya no tendrán que pedir autorización a Madrid para disponer de ellos . Eso es una novedad y de ahí que el consejero de Seguridad Nacional de EEUU, el general James Jones, se lo agradeció a Zapatero el 4 de febrero, cuando fue a Washington. Como también le agradeció que haya añadido 511 nuevos efectivos al contingente español. En Afganistán se está librando una guerra que ahora se está recrudeciendo y más vale que se sepa, y que vayamos tomando conciencia de ello. Es muy bonito lo de tener un Ejército que colabora con la paz y la reconstrucción de países asolados por enfrentamientos armados. Sin embargo, ahora en Afganistán toca hacer que los talibán se batan en retirada. De momento, es el Ejército estadounidense, una vez más, el que lleva el peso de las acciones militares. ¿Qué pasará si nuestros soldados se ven involucrados en acciones armadas en apoyo de la ofensiva contra la insurgencia?
n IrÁn se hace nuclear. Al mismo tiempo que en Irán crece la oposición al régimen, el Gobierno presidido por Ahmadineyad prosigue con el enriquecimiento de uranio. Por si quedaba alguna duda, ya está meridianamente claro que el fin de ese enriquecimiento no es otro que producir armas nucleares. Occidente ve con temor bien fundado la aparición de una nueva potencia nuclear en Oriente Próximo. Sobre todo cuando Ahmadineyad ha proclamado a los cuatro vientos que su objetivo es borrar de la faz de la Tierra el Estado de Israel. La aplicación de sanciones económicas al régimen de Teherán parece ahora inevitable y así se lo han hecho saber la UE y Estados Unidos. Sin embargo, sólo se podrá frenar la facción de Ahmadineyad y los clérigos chiíes más radicales si China colabora en la aplicación de dichas sanciones. Sin el concurso chino, lo que Estados Unidos y Europa puedan hacer apenas perjudicará a la república islamista, que hace una semana celebraba su trigésimo aniversario. El damero iraní apunta a que el mundo camina hacia la bipolaridad. ¿Estamos asistiendo al inicio de una nueva guerra fría? De momento, Obama recibe en Washington al Dalai Lama provocando una ruidosa pataleta del régimen formalmente comunista chino, aunque el primer tablero de esa hipotética partida a dos bandas será Irán. Cumple todas las condiciones: régimen autoritario en descomposición con fuerte contestación juvenil; luchas internas entre facciones de clérigos, mientras el grupo más radical mantiene el control de la situación usando la baza militarista como forma de consolidación. Puesto que Occidente está especialmente interesado en que Irán no se convierta en potencia nuclear, debe jugar sus bazas para tratar de impedirlo. China, por el contrario, tiene en el país de los ayatolás un fiable suministrador de crudo, que le resulta imprescindible para sus planes de crecimiento. Hay que tener en cuenta, por otra parte, que la divergencia de intereses entre el gigante asiático y los Estados Unidos no puede asimilarse al antagonismo de soviéticos y estadounidenses durante la guerra fría. Por un lado, China carece, por el momento, de un poderío militar que oponer al estadounidense. Además, las cosas ahora son más complejas que cuando el capitalismo y el comunismo se enfrentaban por sumar a su bando a terceros países. Entre China y Estados Unidos hay intercambio económico. Hoy por hoy, China es la principal inversora en deuda pública estadounidense. Y no obstante, las espadas, o los misiles, están en alto.
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