Estaba previsto que mi anterior de Solidaridad y Respeto tuviese reacciones. De hecho ya lo adelantaba en ese mismo artículo. Hay quienes se ganan la vida luciendo chapa solidaria como una escarapela. Y tampoco es que se lo reproche. La beligerancia es libre, y cada cual come del pesebre en que le dejan meter el morro. No tengo nada que decir, aunque sí me dé que pensar. Lo que ocurre es que la honestidad para con uno mismo, y creo que también para con los demás, pasa por no empeñarse en ver solo lo que uno quiera o le interese ver. Y reconocer lo bueno y lo malo del kit que nos hemos mercado para nuestra conciencia. Y para mí es tan indeseable un delincuente extranjero que un delincuente nacional. Sea de la raza que sea y fuera de la cultura que fuere.
Y con respecto a esto, y tan solo porque viene a cuento, he de confesar que, precisamente este humilde columnista es honrado con la amistad sincera de representantes comprometidos del pueblo árabe inmigrante, de líderes locales que luchan con espíritu limpio por el entendimiento y la integración, por el respeto y la colaboración mutuas, cabezas y guías entre los conciudadanos de su pueblo que claman de todo corazón a las administraciones por la expulsión de los indeseables entre los suyos porque son el principal problema y enemigo de entre ellos mismos. Pero es un clamor en el desierto en que se convierten las almas humanas. Se ponen en riesgo ante los maleantes de su propia raza aún siendo ninguneados por las autoridades que deben velar por lo que es su cometido y obligación, y despreciados por los propios vecinos que deberían facilitar su labor y defender con menos ardor ninguno de los dos extremos.
En estas personas limpias y de buena voluntad, por muy árabes que sean y se sientan, podría yo poner mi vida en sus manos con total confianza. Pues bien, según los ayatolahs exigentes del respeto en dirección única, esto es racismo. Así que asumo y me ratifico en defender a los decentes de toda etnia y condición aunque por eso mismo me llamen racista. Yo sé lo que soy, y no siempre es lo que dicen que soy. Así que no voy a ceder ante ese chantaje emocional más que moral. Lo que me preocupa es que los gobiernos traguen con estas vergüenzas, aún sabiendo que están perjudicando al propio pueblo inmigrante del que los indeseables forman parte, así como a la propia sociedad, que es la que formamos todos: ellos y nosotros. Y encima, con su debilidad fomenta el rechazo de la propia sociedad autóctona fortaleciendo así el más elemental racismo de base. Así que, díganme, por favor, ¿qué actuación es más racista...?
Miren ustedes, lo que no es respetuoso tampoco es respetable. Y esta situación no lo es por ambos lados. Si las dos terceras partes de los incursos en delitos que se presentan regularmente en los juzgados, tal y como aseguraba en mi anterior, son árabes, será por alguna razón. Quizá porque vengan los que no deben venir, los que deshonran a su propio pueblo y al país que los acoge. Quizá porque lo saben y se aprovechan de un estado acojonado y acomplejado por fantasmas estúpidos. Quizá porque ese mismo estado está cogido de los colgandiles por determinados intereses. Quizá por el pago de determinadas políticas más o menos equivocadas...
Pero el caso es que se está haciendo mal, muy mal. Y repito: si un 'moro' (por cierto, moro quiere decir señor, así como Mauritania quiere decir tierra de señores) de pura cepa se la está jugando ante los suyos y frente a los nuestros por defender esa verdad, yo sería un cobarde hijodeputa si no lo apoyase desde mi lado. Él se arriesga mucho más que este menda lerenda. Yo tan solo pago el molesto pero modesto precio de ser insultado por los que hacen profesión de la manipulación. O por los ignorantes, que son la materia prima de los manipuladores. Y es un precio muy barato para lo que nos apostamos en este envite.
miguel@settgrup.es