Sorprende, al menos al ciudadano medio desconocedor de los intríngulis de la política, que Rodríguez Zapatero, en su viaje a Washington, para asistir al hasta ahora irrelevante y desconocido para los españoles Desayuno de la Oración, no se haya hecho acompañar por una representación, aunque fuera mínima, de los más de cuatro millones de parados que todos los días, creyentes y no creyentes, miran al cielo. Y por el contrario, desconcierta aún más que sí se haga acompañar por los presidentes de grandes compañías empresariales o de la banca (Acciona, Entrecanales, Iberdrola, BBVA, entre otros) y por los primeros espadas del sector editorial (Pedro. J. Ramírez, director de El Mundo, Juan Luis Cebrián, del grupo Prisa, o Carlos Herrera, de Onda Cero). Es de suponer que la elección de tal comitiva responde a una muy estudiada operación de marketing a la hora de conmover e implorar, a través de la advocación de Barack Obama, el favor divino para paliar los males de la situación económica de España.
Pero casi con total seguridad de que si el séquito diseñado por Rodríguez Zapatero o sus asesores hubiera estado mayoritariamente constituido por obreros en paro, elegidos de manera aleatoria entre las diversas oficinas del INEM existentes en el territorio español, y no por los representantes sindicales, los efectos y la fuerza de la oración hubieran sido mayores. Es más, para que el poder de súplica fuera más intenso y universal, junto a los trabajadores en paro tendría que haber ido también algún notorio prelado católico o un destacado imán musulmán. Por aquello de la alianza de los desempleados.
Un séquito español éste que, junto a la innata y convincente fuerza de sus oraciones ante la situación en la que se encuentran, sería rentable tanto para el erario español, ya que nuestros parados no pondrían reparo alguno para viajar en clase turista, como para el de los estadounidenses, pues a buen seguro que nuestros desempleados ayunarían para que el buen Dios tenga mayores motivos de compasión. Por ello dudo de los resultados que pueda obtener la comitiva confeccionada por Rodríguez Zapatero, cuyos miembros tienen asegurado de por vida, así como sus herederos, el bienestar y el empleo; en tanto que entraría dentro de lo posible que el séquito de obreros españoles en paro obtuviera, con sus ruegos a Barack Obama y a su Dios, al menos otro Plan Marshall. Que no es que sea mucho, pero cualquier parche económico, al que los españoles estamos tan acostumbrados en los últimos tiempos, aunque sea por medio de la oración allende nuestras fronteras siempre será bien recibido.