Los expertos en detectores de mentiras o polígrafos nos lo confirman. Los árboles, las flores, las plantas en general son infinitamente más complicados de lo que creemos. Todas las células vivas tienen una 'percepción primaria', término que implica una especie de 'conciencia' que une a su mundo para formar un conjunto muy complejo de sensibilidad y de comunicación.
Un científico estaba regando una planta en su oficina y se le ocurrió pensar lo siguiente: ¿Cuánto tiempo hace falta para que el agua alcance la parte superior de la planta? Con un detector de mentiras en su despacho pensó que era fácil adaptarlo sobre ella para medir su reacción galvánica y así saber el ritmo de la subida del agua dentro del vegetal. Fijó, pues, unos electrodos sobre la hoja de la planta que quería experimentar, exactamente lo mismo que si estuviera fijando sobre alguien un aparato detector de mentiras.
Estos experimentos se hacen -lo sabemos- pasando una pequeña corriente eléctrica desde un electrodo a otro a través del dedo de una persona y se graba el resultado con un grafismo continuo (como el de los electrocardiogramas, por ejemplo). Se ha demostrado, aunque no se ha podido explicar del todo, que, cuando una persona tiene una reacción emocional, su resistencia disminuye. Y la línea del grafismo asciende. No hay nada que se pueda hacer para ocultarlo. ¿Pero qué es lo que ocurre cuando el sujeto del experimento es una planta?
Al principio la planta reaccionó, según la humedad, de forma parecida al experimento humano. Después de unos diez minutos de observación con bastante desencanto, el científico decidió encender una cerilla y quemar la hoja de la planta que estaba estudiando. Instantáneamente hubo un cambio dramático en el grafismo, cambio que adoptó una profunda oscilación hacia arriba. Y no obstante, no la había tocado aún, ni acercado la llama. El grafismo, por lo tanto, había sido alterado tan sólo por el pensamiento del dolor que el profesor quería infligir a la planta. Esto parece indicar que existe una forma de percepción indefinida en los vegetales.
A tal experimento siguieron otros, y otros más, comprobando las sensibilidades de árboles, flores y otras variedades; todo parece indicar, según los resultados, que las plantas sufren emociones parecidas a las humanas, y que son detectadas fácilmente por medio de la corriente eléctrica de un polígrafo.
El ser humano vive vigilado; también por los adornos que nos rodean, por los bosques que nos oxigenan. Y se alegran de vernos o se deprimen en la distancia; o todo lo contrario, porque también, digo yo, existirán plantas amables y otras retorcidas, como es lo lógico.