Metidos de lleno en una crisis económica cuyo fin se está haciendo esperar, hace ya tiempo que se viene hablando de que, especialmente en nuestro país y más aún en nuestra región, se necesita un nuevo modelo económico que nos permita salir, cuanto antes, de este pozo sin fondo en el que estamos inmersos. En este contexto, el discurso de que nuestro despegue va a venir acompasado por el hecho de que es necesario, e incluso imprescindible, realizar una apuesta decidida por la inversión en I+D+i va cobrando cada vez más fuerza; de hecho, el consenso existente es tan amplio que, al menos públicamente, ya casi nadie lo pone en duda, máxime si se tiene en cuenta que nuestro país, y especialmente nuestra región, no disponen de una estructura productiva homologable a la de los países desarrollados de nuestro entorno: Francia, Alemania, etc.
Un cambio de tal calado no se va a producir de un día para otro, se necesita tiempo, porque no se trata de corregir unos cuantos desajustes del sistema; es necesario un profundo cambio de mentalidad: una auténtica 'Revolución Cultural' para evitar que, en breve, no tropecemos de nuevo en la misma piedra con el alto riesgo que conllevan las recaídas. Si se pretende conseguir este cambio profundo hay que hacer una apuesta decidida por la 'Educación', pero a todos los niveles y, para ello, tenemos que fomentar desde las etapas iniciales de la enseñanza -"desde la cuna hasta la universidad más prestigiosa" (J. Borrell dixit)- el carácter emprendedor y la curiosidad científica porque necesitaremos empresarios e investigadores/creadores.
Pero es necesario un paso más: para que las generaciones actuales y futuras, excelentes conocedoras de las nuevas tecnologías, se eduquen en valores tales como la solidaridad y el respeto tanto a las personas como a nuestro entorno. Nuestros recursos son limitados y cuando los sobreexplotamos estamos castigando a las futuras generaciones a vivir en condiciones cada vez más adversas. Hay que erradicar para siempre la idea de que el enriquecimiento rápido y la insostenibilidad tienen cabida en la sociedad del futuro.
Hemos vivido una época en la que el valor dinero era el más importante y casi excluyente, en la que todo o casi todo ha valido para conseguir riqueza pronto y a cualquier precio. Y así nos ha ido, ahora nos encontramos ante un país pobre y una región que aún está peor, con el dinero fuera de la circulación en "cajas fuerte" o paraísos fiscales -¿quién le pone el cascabel a este gato?-, y con decenas de miles de ciudadanos viviendo en situación precaria e incluso angustiosa.
Pero mientras se produce el cambio de mentalidad, que se llevará su tiempo, no podemos "dormirnos en los laureles". Es necesaria, desde ya, una mayor inversión en I+D+i pero con una premisa: debe existir un control riguroso del 'retorno social' procedente de los fondos dedicados a este fin; dicho de otra forma, hay que ser muy exigentes con la eficiencia en el gasto en investigación pues la mayor parte de esta inversión procede de dinero público y, por tanto, del bolsillo de casi todos los españoles que, al final, son los paganos de las facturas procedentes de los despropósitos de una minoría impresentable.