En la actual coyuntura se está hablando de la necesidad de generar riqueza para crear empleo y más teniendo presente el drama personal, familiar y social de los casi cuatro millones de personas desempleadas. Se está vinculando la creación de riqueza a la creación de empleo de una manera mecánica y directa. Y, precisamente aquí está la trampa.
La riqueza se entiende como la concentración de capital en pocas manos y esta concentración se obtiene a través de conseguir el mayor beneficio y rentabilidad en cualquier actividad. Por tanto, uno de los objetivos de las personas que pretenden obtener más riqueza es rebajar los gastos y el empleo, es decir, los trabajadores y trabajadoras se consideran como gasto y para muchos ejecutivos como uno de los mayores gastos de cualquier empresa o actividad económica. Luego para generar riqueza hay que destruir empleo.
Si hacemos un pequeño diagnóstico del mundo laboral nos daremos cuenta que trabajo sí hay y ¿por qué este trabajo no se traduce en empleos? Y, aquí viene el meollo de la cuestión: las condiciones laborales del empleo. Los que pueden contratar quieren unas condiciones laborales que permitan hacerlo a bajo costo y poder despedir muy barato. No es de extrañar que muchas empresas hayan aprovechado la cobertura de esta crisis económica para lograr un expediente de regulación de empleo (ERE) y trasladar sus fábricas a otras zonas, como puede ser China, India... porque allí los sueldos están por los suelos y no existe ningún tipo de regulación laboral que garantice un mínimo de seguridad, higiene y salud.
Esta situación la conocen perfectamente nuestros gobernantes y nuestros agentes sociales. La dificultad está en un modelo económico que sólo entiende de beneficios en un sentido unilateral y egoísta, donde no importan las personas, en este caso los obreros y obreras. El modelo de trabajador que piden es el trabajador que eche muchas horas, en condiciones precarias, exigiéndole un nivel elevado de productividad.
Tal vez vayamos al modelo norteamericano de 'trabajador pobre', que es la persona que tiene que buscarse varios trabajos para poder llegar a fin de mes, es decir, que el empleo, en este caso los empleos, no garantiza en absoluto unos ingresos económicos que les permita vivir con cierta holgura o por lo menos llegar a fin de mes.
Por eso hay que pedir a los gobernantes y a los responsables políticos una apuesta por un empleo estable, digno y seguro y para esto es necesario cambiar nuestro modelo económico de tal manera que entienda que el empleo es riqueza, que conservar el medio ambiente es riqueza y esto se convierte en una riqueza compartida y repartida. La actividad empresarial no se puede entender como una actividad para obtener el máximo beneficio a costa de lo que sea y de quien sea, sino como una actividad que genera empleos dignos y contribuye al bienestar social, desechando prácticas explotadoras y destructivas.