Una Historia breve

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RAMÓN JIMÉNEZ MADRID

Acabo de leer un libro delicioso que lleva por nombre Breve historia de la Región de Murcia, de la que es autor un hombre al que considero por una parte como mi hermano menor -aunque él me sobrepasa en amistad y sabiduría- y por otra como un personaje singular en esta tierra nuestra en donde no abundan los seres especiales. Si hablo de la obra mencionada, tendría que decir que habrá de ser de ahora en adelante aquella que ocupe el lugar -aunque no me planteo dilucidar sobre las bondades de una y otra- de la Historia de la Región de Murcia de la que fue autor Miguel Rodríguez Llopis y ampliada más tarde -yo mismo le serví de editor- a José Miguel Carrión. Y lo habrá de ser porque una, con un maravilloso poder de síntesis, iba dirigida a un público académico, a la gente avezada en asuntos económicos, políticos, mientras la de Juan González Castaño va dirigida a un público más amplio, redactada con una prosa escogida y precisa, a una mayor capa de lectores que se aprovecharán de las muchas ventajas de contar con un autor, y es lo que pensaba destacar por encima de todo, enraizado en la vida, en los periódicos, en la vida cotidiana, en las muchas miserias que ha padecido el pueblo, la gente corriente, alguien que ha debido sufrir con las continuas inundaciones que padeció la huerta, con las plagas de paludismo que caían implacablemente sobre los dominios del antiguo Reino de Murcia, con las hambrunas que asolaban un territorio en donde creció la morera y en donde más tarde se plantó el melocotonero y el naranjo.
Debo decir, antes de seguir con el libro, que Juan González Castaño posee una casa del siglo XVIII; una mansión señorial para un hidalgo ilustrado que tiene un componente conservador, como todo aquel que valore el pasado, tiemble ante la historia y sienta el deseo de conocer la verdad y el origen de los temas, con un ramalazo liberal que le ha hecho comprender que hay que estar abierto a las corrientes que suenan, a las voces que surgen. Un historiador con más libros escritos que años a sus espaldas y con una biblioteca que supera los 40.000 ejemplares. Un prodigio que ha conseguido desde que se iniciara en la empresa de recopilar papeles -al principio con los gitanos a los que compraba el papel al peso- y más tarde participando en las subastas madrileñas y toda clase que estuviera ligada a la cultura popular, que no en balde es poseedor de un paquete no despreciable de pliegos de cordel, corriente que retransmite de alguna manera en el volumen que comentamos, asido, como digo, a dar cuenta de los sucesos que han acontecido en esta tierra desde que fue habitada en los primeros albores hasta la mismísima transición democrática, con la que se despide. 40.000 ejemplares que le han servido para hacer una historia viva y palpitante -todavía sigo impresionado con su redacción-, una Murcia que padece en sus angustia, que celebra en sus fiestas religiosas, con datos que pasan de la anécdota a la categoría.
Especialista en asuntos del Noroeste y en Río Mula, enraizado con su Mula natal -que fue más de lo que es-, conocedor a fondo de todo lo que ha latido en ese contorno, parece que hubiera estado formándose para escribir esta breve historia que aborda cuestiones económicas, políticas, religiosas, educativas, de todo ámbito, pasando de una parte a otra con suma facilidad y soltura, con un amplio despliegue de sus muchas posibilidades en todos los campos. Quien conoce que es Juan, bien sabe que se deleita con la literatura -y la incorpora al texto-, que conoce a la perfección los recovecos de Caravaca, Bullas y Cehegín pero que no descuida adentrarse en el Altiplano, con lo que se consigue una descentralización de la historia murciana. Más que el fenómeno capitalino, se nos aparece en cada momento aquello que se considera más relevante, sin olvidarse que hasta Águilas y Mazarrón, con su minería y sus cantos flamencos, han forjado parte de una tierra a la que unifica. Libros así nos devuelven el sentido de las perdidas señas de identidad de una tierra en cierto modo deshilvanada, cambiante y poco homogénea.
No crean que me dejo llevar por la línea de sangre que he antepuesto. La Breve historia de la Región de Murcia de Juan Gonzalez Castaño, un personaje irrepetible, es hoy por hoy el texto que sin perder un ápice la seriedad, nos desvela la verdadera realidad de un pueblo sumido en más profundas simas que claridades, un pueblo que ha sufrido, que ha padecido limitaciones en las comunicaciones, que ha emigrado de continuo, que no ha contado con recursos hidráulicos, sin lluvia, con poca presencia en el ámbito nacional y muchas veces sin suerte en la historia, pero que aparece configurada como una unidad. Libros así ayudan a componer el puzzle murciano.

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