Tal y como me contaron creo que lo que dieron en llamar 'misas negras' habrán entrado en una fase terminal de desuso. Hoy día para la organización de festejos sexuales en colectividad no hace falta, por suerte, incluir en el menú a la religión, basta con utilizar la libertad como a uno buenamente le plazca, sin dañar al prójimo más o menos cercano, ni al espíritu creyente de unos o de otros.
Ocurrió en Francia, en París. Mi amigo había comentado en círculos culturales de la ciudad de la luz su interés por conocer en primera persona el mundo del satanismo; como historiador y escritor le subyugaban todas las facetas de la religión, incluso las relacionadas con Satán. Por ello fue invitado a cenar en una casa de una señora muy importante de la vida social parisina. En la cena compartió mesa con un notario, unos médicos, un sacerdote... gente acomodada.
La dama le invitó a seguirla, si de verdad estaba interesado en el satanismo, y si era capaz de atreverse. Lo metió en un coche y lo llevó a un lugar cerca de los Campos Elíseos, donde le hizo apearse y esperar. Un hombre lo recogió y le llevó a una mansión desconocida. En una habitación, tipo probador, fue invitado a desnudarse completamente y a cubrirse con un blusón negro hasta los pies. Luego le llevaron a un salón donde había varias personas vestidas de igual manera. Las paredes estaban cubiertas por unos cortinones negros, del techo al suelo. El suelo era también negro, y en el centro de la estancia había una especie de altar bajo un gran crucifijo invertido, con un ara y muchos cirios, también de color negro. El personaje se trataba del cura comensal en la cena.
Al rato, parece ser, llegó la gran señora que apareció completamente desnuda. Detrás de ella iba un hombre también desnudo pero con un casulla católica. La mujer se tendió en el altar y comenzó el ritual de invocación. El cura consagró ostia negra en el sexo de la señora y repartió idénticas para quién quisiera 'comulgar'. Al terminar el reparto se quitó la casulla y copuló con la señora delante de todos. Lo que debió de ser una especie de señal, porque a partir de ese momento varios de los presentes empezaron a practicar sexo indiscriminadamente. Al final el cura ¿falso? se puso a proclamar entre grandes blasfemias su invocación a Satán.
Me contaba José María que fue muy espectacular, que de pronto sintió un aire muy frío y que vio que los cortinones se movían como si hubiese entrado un aire gélido en el salón. No pudo comprobar si existían en el exterior algunos ventiladores ocultos... pero el viento fue real porque se apagaron las velas, lo que anula una hipótesis psicológica de lo ocurrido allí.
No me creo a Satán y pienso en los recovecos empleados por el ser humano para mostrar sus fantasías eróticas. Hoy, lo de la 'misa negra' sólo sería una extravagancia en cualquier club de alterne. Madurando que vamos, digo yo.
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