Recientemente, en la sede de la Asociación Gastronómica Carballo, sita en la calle Polo de Medina no sé cuantos de Murcia capital, y bajo la batuta, en lo que a organización se refiere, de mi amigo y camarada José Sánchez Fernández, y a iniciativa de la Asociación Flamenca de la Universidad de Murcia que preside el que fuera popular novillero murciano Andrés Sánchez Torres, el pasado día 2 de los presentes se ofreció una cena homenaje a mi Alter-Ego. Me refiero al carcamal cuya foto aparece con toda su calva en el encabezamiento del presente escrito, albañil de profesión en paro por razones de edad (85 años y muy bien pensionado) aspirante a poeta, periodista amateur y flamencólico. Además, por si faltara algo para dar brillo y esplendor al huerto de sus vanidades, en el mismo acto fue nombrado Presidente Honorario a perpetuidad de dicha asociación flamenca.
La organización del evento fue impecable hasta el punto de que nadie tuvo que permanecer de pie ni quedó un solo asiento desocupado. O sea, que todo había sido previsto de antemano al más mínimo detalle.
Buenas tapas, mejores vinos, suculentos y variados manjares y deliciosos postres. ¡Para que luego digan que los flamencólogos no comen!...
El homenajeado, en vez de agradecer la distinción, nos endilgó un algo así como poema testamentario en el que, entre otras chorradas, se lee que quiere ser enterrado junto a las herramientas con que ganó la vida. Y, sin embargo, hay malas lenguas que dicen que sus herramientas fueron sus politiquerías sin que ni siquiera llegara a ser ministro ni cosa parecida, aunque de todas formas, hay quien atestigua que, por lo menos en una ocasión, ejerció de ángel paleta, como diría Alberti. Fue en la edificación de la actual Comisaría de Policía de Murcia, si bien su trabajo se limitó a construir los calabozos en el sótano del edificio, en los que años después sería recluido en varias ocasiones. Le estuvo bien empleado.
El poema, o lo que sea, termina diciendo:
No quiero en mis exequias
/ plañideras;
No quiero ni una lágrima
con que endulzar el llanto
/ del amigo.
Si acaso, en el momento
de regresar al vientre
/ de mi madre,
que un doncel,
del pagano del Sur lance
/ su grito
letal por siguiriyas.
Y precisamente aquí se le ve el plumero -y la contradicción-, ya que plañideras y siguiriyas, como bien señaló Antonio Parra, allí presente, son una única y misma cosa. Y, por favor, no se confunda siguiriya con la canción folklórica castellano-manchega conocida por seguidilla.
Pero volvamos al espacio Carballo, donde, aparte de las paridas del homenajeado del pantagruélico piscolabis, hubo mucho más. Hubo cante del mejor en las voces de Antuán; de Andrés Sánchez, el presidente, quien cantó por soleares con la misma enduendada prestancia con que, en sus mejores tiempos, toreaba por verónicas; de José Martínez, catedrático de Filosofía, cantándole para bailar, precisamente por soleares, a un milagro de la naturaleza: un niño de nueve o diez años -quizás menos-, que, de seguir así, quizás algún día llegue a eclipsar el recuerdo de Farruquito bailando a su misma edad.
Y estuvo allí esa especie de matrona romana que es Carmen Rubio, quien precisamente ya tiene un pie en el estribo para, con su Ballet Murciano de Danza Española, que dirige al alimón con su hermana Matilde, emprender una tournée a todo lo largo y ancho de la inmensa China.
Lo rubrico y firmo, si es preciso con la huella del pulgar izquierdo, en Murcia a 13 de enero de 2010.
Firmado, Pau Cocoví Picornell.