Para cuidar la Tierra, ésta se nos está cayendo a trozos en forma de lluvias torrenciales, subida considerable de las temperaturas, desaparición de glaciales; debemos poner todos de nuestra parte. Porque, si es cierto que a muchas personas nos preocupa el deterioro del planeta y las consecuencias de nuestras tormentosas relaciones con la naturaleza, no es menos cierto que caemos fácilmente en la apatía para enfrentarnos a este hecho al considerar que hay pocas cosas que podamos hacer para mejorarlo. Que los problemas planteados son tan graves que no están en las manos del ciudadano normal y que son otros los que han de luchar contra un deterioro del medio ambiente realmente preocupante.
Pero como no es cierto que no podamos hacer nada, y sí es verdad que todos tenemos un poco de culpa de lo que está ocurriendo, hay que recibir con esperanza cualquier iniciativa encaminada a despertar las conciencias, sobre todo las de los más jóvenes, los que están en edad de aprender ciertos comportamientos necesarios si queremos reparar el daño al que estamos sometiendo a este planeta llamado Tierra. Así es que debemos de felicitarnos por la celebración de la Cumbre sobre el Cambio Climático de Copenhague, porque aunque la sensación que ha quedado es de auténtico fracaso -suspensión de actos programados, plante de los países africanos, imposibilidad de obtener un documento vinculante que regule las emisiones de gases contaminantes- lo cierto es que esta Cumbre ha servicio para que miles de jóvenes, como nos han venido mostrando las imágenes facilitadas por los medios de comunicación -en su mayoría miembros de ONG- acudiesen a Copenhague para apoyar, dentro de sus posibilidades, la consecución de un acuerdo que impida que el destrozo continúe.
Lo que desearíamos es que este mensaje de preocupación por la conservación del planeta llegase a todos los hogares y como sabemos de la capacidad de persuasión que tienen los más jóvenes, nos gustaría pensar que serán capaces de convencer a sus padres de que hay muchas cosas que podemos hacer para luchar contra el deterioro de la naturaleza. Lo único que se requiere, en muchas ocasiones, es una pequeña modificación de nuestro comportamiento: ahorrando papel, no teniendo la luz encendida ni el ordenador, ni cualquier otro aparato electrodoméstico si no es absolutamente necesario. Cosas sencillas, aparentemente, que permiten inculcar en los más pequeños de la casa una conciencia ecológica de forma fácil y efectiva: seguramente servirá para que ellos mañana cuiden el mundo mejor que lo estamos haciendo nosotros.
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