TRIBUNA LIBRE

Locos

 07:24  

JOSÉ GARCÍA CABALLERO, economista, vicepresidente del Círculo de Economía y vicepresidente de la Asociación de Promotores de la Región de Murcia

De antemano reconozcamos el buen aparato propagandístico del que dispone el señor Valcárcel. Aunque en temas concretos, cuando se siguen año tras año, sí que se detectan numerosas fallas. Tal ocurre con con la autovía Venta Olivo-Calasparra-Caravaca que se ha bautizado como la Autovía del Norte.
Locos.
Vivimos tiempos durísimos. Hay quien dice que esto no tiene arreglo. Que lo peor está por llegar. Que se salvarán los bancos y grandes corporaciones a costa de dañar gravemente el tejido de autónomos, pymes y micropymes. Que la tasa de paro superará el veinte por ciento. Que no recuperaremos los niveles de producción interna hasta, como mínimo, el 2014. Que nada será como era...
Puede que todo esto vaya a ocurrir, sí. La pregunta es: ¿qué vamos a hacer nosotros? Siempre creí en el valor de los hechos, más allá de las palabras. La crítica, el lamento, la culpa en el otro, el análisis vacío y el tópico escrito una y mil veces se lo dejaré a los demás. Acción: Es la palabra.
¿Es usted propietario de una empresa, del tamaño que sea? ¿Un autónomo? Seguro que está atravesando por graves dificultades. Seguro que se deja la piel día a día, negociando con entidades financieras, proveedores y Administraciones públicas, e intentando -si es que le queda alguno- mantener a los clientes. Nadie le ayuda. Y nadie le va a ayudar. Al contrario. Es posible que se encuentre ante un escenario de indiferencia, de negligencia, incluso de mala fe, desánimo y apatía por parte de los actores recién enumerados, en un mar de desinformación mediática, de confusión política y de desprotección ante la tormenta perfecta que atravesamos.
¿Será una locura pensar que todo tiene que ir mejor? Seguramente. Al menos a medio plazo. Sin embargo, gracias a esa locura miles de personas resisten en sus puestos de trabajo. Con los números y los datos en la mano, lo más razonable sería cerrar el kiosko, acogerse a los beneficios sociales de una sociedad avanzada (y latina, en la que las familias protegen a sus miembros en los momentos difíciles) y esperar a que escampe. ¿Qué mueve a todas estas personas a la resistencia? ¿El miedo a perder lo conseguido? No hay ninguna garantía de que seguir adelante los negocios vaya a proteger el patrimonio de las personas. Al contrario: muchas, con unas cuentas de resultados cada vez más pobres, ponen su patrimonio personal como garantía, con riesgo de perderlo todo. ¿Entonces? ¿De qué se trata? ¿Es una esperanza irracional de que 'algo' va a cambiar, de que las cosas van a mejorar? Puede, pero, en todo caso, esta resistencia, este tesón, esa locura bendita de todas estas personas que, en medio de la mar gruesa siguen nadando a pesar de que, ya exhaustos, no se vislumbra la costa, va a permitir a este país salir adelante, maltrecho, tumefacto y dolorido, pero en pie. Porque hay que estar loco para, rodeados de dificultades y de zancadillas, seguir adelante, ante la dolorosa indiferencia de muchos compatriotas que, con ingresos mensuales garantizados, asisten preocupados por no perder un ápice de sus prerrogativas desmedidas y ante la incomprensible indolencia de dirigentes políticos que, lejos de estar preocupados por la realidad, acomodan su discurso a lo que las encuestas de opinión les parecen indicar, sin tomar decisiones valientes, comprometidas, no vaya a peligrar su poltrona, que, vaya, ahí fuera hace mucho frío, oiga. Tomen ejemplo de los locos sueltos, ahí, en el tajo, con las manos en la masa, sin miedo, o con él, pero jugándosela día a día. Respeten al emprendedor, más allá de discursos vacuos de cara a la galería, que aquí no tenemos petróleo ni gas. Ayuden a ese loco, no con pastillas ni camisas de fuerza, sino dejándole hacer, poniéndoselo fácil, y admirándolo por la maravilla de verle enfrentarse a un mundo feroz que, probablemente, le devorará, inmolado en una guerra a la que no fue solo, sino en compañía de otros, de tantos, donde todos obtuvieron alguna medalla y muchos desertaron en el momento el que la metralla comenzó a caer sobre nuestras cabezas.
¿Alguien se acuerda de Frank Capra? Recuperen sus películas y proyéctenlas en los colegios y en sus casas, necesitamos recuperar lo que en ellas se transmite: esfuerzo, solidaridad, honestidad... Un pueblo sin estos valores está condenado y, salvo los locos, que andan enfrascados en sus cosas, quién sabe bien qué andan haciendo, nuestra sociedad parece bailar en otra verbena de música horrísona. Enloquezca, únase a nosotros, a los que tiramos del carro, a los que salimos a la intemperie sin abrigo, a la lluvia sin paraguas, sin garantías, solos, cansados, pero nunca tristes, a los que pensamos que trabajar es más que ir al curro de ocho a tres, porque, pese a quien pese, algún día triunfaremos. Y ese día recordaremos dónde estaba cada uno en los momentos más tristes.

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