Lope de Vega dejó escrito que el mejor alcalde, el rey; aquí, el presidente Valcárcel, que ha protagonizado ¡por fin! unas declaraciones con el sentido común que se esperaba, que se echaba de menos, en el caso de los restos de San Esteban. Desde Alemania ha dicho que "el parking es inviable con la conservación de los restos". Y mira que era sencillo el tema; de haber revocado la licencia a favor del aparcamiento, no se hubiera montado semejante espectáculo, tan monumental como el propio hallazgo. Gracias, presidente, por poner cordura en esa casa de la consejería de Cultura desde donde a los que hemos puesto un granito de arena para evitar el disparate se nos ha llamado 'desquiciados' (al movimiento ciudadano) o 'politizados'. Y todo ello por emplear el sentido común y el amor a Murcia, dos virtudes muy exigibles a los administradores públicos.
Lo voy a decir sin tapujos, vulgarmente si se quiere: lo dicho de manera clara por el presidente de la Comunidad ha dejado con el culo al aire a la alcaldía y a su consejero de Cultura. Desde el Ayuntamiento y desde la consejería han tratado a la ciudadanía interesada en el tema como memos o militantes del PSOE; ni una cosa, ni la otra, querido amigos.
Para matrícula hubiesen sido las declaraciones del jefe del Ejecutivo si las hubiese hecho antes de las intervenciones judiciales en el tema; pero también es verdad que más vale tarde que nunca o que de sabios es rectificar, aclara, sin duda, el refranero. La aparición fantasmal, después de oído al presidente, del alcalde Cámara, con argumentos en la misma dirección, aunque rápidos en su reacción, han resultado del todo patéticos. Mucho arroz, ya, para el mismo pollo.
Con tales acontecimientos lo natural sería ir comprobando dimisiones, aunque me temo que esto será demasiado pedir; no hay costumbre en este negocio de la política donde sería muy fácil acertar si se pusieran en valor, con prioridad, las necesidades generales a las particulares. Esta mínima reflexión que no puede llamarse ni inteligente, por obvia, habría acotado todas las crispaciones que se han vivido respecto al tema; se hubieran evitado toda clase de recelos justificadísimos en los ciudadanos y tranquilizado a quienes han sentido la necesidad de ver lo aparecido en San Esteban con alegría, en vez de tenerlo como una desgracia. Lugares para el aparcamiento hay otros; para los restos arqueológicos, no. Así de sencillo
Gracias, otra vez, señor presidente, no se esperaba menos de usted, pero sí mucho más de quienes le rodean.
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