Hay que situarse en el contexto histórico y sociológico en que María Luisa Muñoz contrajo matrimonio para llegar a comprender su situación. La Nena se casó por el ritual gitano con tan sólo quince años, dando comienzo a una vida en pareja que duraría casi tres décadas y que tuvo como fruto a seis hijos. De aquella boda celebrada en la España de 1971 no quedó constancia en el Registro Civil; a los recién casados ni se les ocurrió la idea, entre otros motivos porque no sabían que tenían que hacerlo, a lo que hay que sumar que en plena cultura del nacionalcatolicismo tampoco hubiese servido de mucho: únicamente se reconocía validez a los enlaces celebrados por la Iglesia. En nuestro país se vivía entonces un alto grado de analfabetismo que afectaba muy especialmente a los colectivos desfavorecidos entre los que estaba el pueblo gitano, desconocedor por ello de muchos trámites a lo que se une la marginación social que entonces sufrían y el espíritu de libertad que los caracteriza. A pesar de todo eso, el marido de La Nena cotizó a la Seguridad Social con su trabajo, y su familia fue reconocida en los años 80 con la categoría de numerosa, quedando manifiesta su existencia. El hecho de que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo haya otorgado la legalidad a la boda de La Nena por el rito gitano a efectos de viudedad, no hace extensible el reconocimiento a más casos sino al suyo como único y peculiar, sin caer en la exclusión de la norma de forma generalizada.
En la actualidad, aunque puede que perduren en el subconsciente colectivo algunos prejuicios sobre la picaresca de esta minoría étnica, España sobresale, como dice el sociólogo Ramón de Marcos, por sus "políticas de acceso a la vivienda, sanidad, servicios sociales y educación" tendentes al fomento de la inclusión y la igualdad. Hoy cualquier pareja puede inscribirse en el Registro Civil, y pasará a ser reconocida como tal con independencia de su religión, identidad heterosexual u homosexual y del ritual ceremonial por el que se celebre la unión. La Nena, por su persistencia y empeño, sin duda muy bien asesorada, bien merece unas líneas de atención.
La Nena ya está contenta
porque su unión marital,
ha sido reconocida
por el alto tribunal.
Fue por el rito gitano
tal cual dicta su moral,
como se casó en España
y se puso a procrear.
Su familia fue creciendo
llegándosele a otorgar,
el título de numerosa
en el ámbito estatal.
Cuando su amado murió
y ella pasó a reclamar,
la pensión de viudedad
no se la quisieron dar.
La Nena clamó a la luna
y la batalla fue a armar,
hasta que pudo cobrarla
que es de ella y nadie más.