MEMORIA DE COCOVÍ

Cocoví, excomulgado en potencia

 07:23  

Andrés Salom

Pau Cocoví Picornell, alter-ego del carcamal que asoma la jeta por el ángulo superior izquierdo de este escrito, ha recibido recientemente varias llamadas telefónicas en las que se le hace saber que, en principio, es reo de excomunión en mayor grado que pueda serlo el presidente del Congreso, excelentísimo señor José Bono, por su bagatela.
Total, por haber hecho alarde de haber dado a la imprenta en su día de hace algunos años un soneto titulado 'Invocación', que es algo así como un himno al demonio.
A dichos telefoneros -y sobre todo telefoneras- se les nota que ni tienen el más mínimo sentido del humor ni entienden de ironías.
Para que el resto de sus lectores, que por cierto no deben ser demasiados, puedan juzgar por sí mismos, va a reincidir en ello aireándolo una vez más. Va por ellos:
Predispuesto a rendirte pleitesía,
le cantaré, Luzbel a tu belleza,
a tu hombría de bien, a la entereza
que mostraste a la luz del primer día.
Retozona beldad, macho cabrío,
domador de serpientes y dechado
de virtudes...: te canto encadenado
a este banco de mi libre albedrío.
¡Oh padre del placer y la alegría¡:
te busco enardecido por la umbría
del nuevo Edén en que la vida empieza.
Quiero poner de gracia a tu servicio
todo mi arrojo, toda mi terneza
de abanderado de tu señorío.
No creo que sea para tanto, ya que mi hombre, al escribir los catorce endecasílabos (catorce versos dicen que es soneto, según Lope) no se inspiró en el demonio que tanto acosó a los anacoretas de allá por el Bajo Imperio; sino en el Mefistófeles de Fausto, que es el más simpático y que además está hecho de papel y de la imaginación algo calenturienta de Goethe. Ello no quita, sin embargo, para que el pobre Cocoví, como consecuencia de los dichos coups de fil, anduviera algunos días algo cabizbajo y empezando a oler a azufre. Hasta que de pronto, y no sé si milagrosamente, se le hizo la luz. Fue cuando recordó haberlos escrito en ocasión de que su maestro Ángel Montiel descubrió que el tal diablo andaba suelto por la universidad católica de los Jerónimos bajo el nombre supuesto de condottiero de neocatecúmenos José Luis Mendoza. Y, además, recordó haber sido ya absuelto en una especie de confesión general en la que no se entró en demasiados detalles. Pero absolución al fin.
Le queda la esperanza, pues, de que San Pedro, en su condición de pluriempleado es, además de guardián de las puertas de la Gloria, depositario de las de los Campos Elíseos, que es, como se sabe, donde van a parar todos los poetas; incluso los malvados, como Baudelaire, Jara Carrillo, Neruda y otros.
¿Qué mayor gloria, pues, que la de poder gozar, a todo lo largo y ancho de la eternidad, de la compañía de Valle Inclán, Verlaine, Baudelaire, Teresa de Cepeda y otros, etc.?...

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