No parece que la utilización del término sostenible para calificar la economía que queremos tener resulte el apropiado. Parece más bien un término mediático, como otros muchos, que se utiliza con una próxima caducidad. A éste le auguro pocos días, quizás ninguno.
Tengo delante de mí el libro 'Estructuras y Ciclos Económicos', de Äkerman J. con la expresión "ciclos de coyuntura", utilizando coyuntura para estudiar las causas de lo que se llama "depresiones", hoy le llamamos "desaceleración" y finalmente "crisis", o sea, reconocimiento de que se ha llegado al final de un ciclo en el sistema económico del momento, se ha llegado a un punto bajo, al fondo del pozo. El libro de Äkerman J. recorre con estudios referidos a situaciones mundiales que produjeron crisis; estudia, entre 1825 y 1937, catorce crisis, una cada ocho años de media, y las cosas no han mejorado desde entonces.
Siguiendo la estela de sostenible como término mediático, tenemos que reconocer que tiene dos aspectos positivos; no tiene contrario, a nadie se le ocurriría ofrecer un proyecto de economía insostenible, y, por otra parte, la sostenibilidad está admitida mundialmente por la definición final del informe Brutland G.H. que dice: El desarrollo sostenible es aquel que "satisface las necesidades del presente sin comprometer las necesidades de las futuras generaciones". Adorable propósito si tenemos presente desde su declaración, en 1987, la explosión demográfica en el mundo, la dramática situación en las localizaciones del hambre y la decisión de enormes potencias y poblaciones, China, India, Brasil, Rusia, al querer alcanzar las cotas de bienestar de los países desarrollados, con una cultura consolidada de consumo, les obliga a la demanda de grandes cantidades de recursos minerales: hierro, aluminio, y fosfatos también los energéticos, además de fósiles y limitados sin capacidad de reciclo: petróleo, gas natural y otros menos visibles pero necesarios: productos financieros.
La economía desde un principio es deliberadamente distinta de la ética y no tiene fines, dice Guitton H. (que además muestra un extenso listado de economistas avalando esta definición). Lo que se anuncia desde los Gobiernos es Economía Política: proyecto político para las acciones económicas y tiene fines, además de contemplar en muchos casos la justicia distributiva. En este sentido, lo que se conoce del proyecto de ley hasta este momento responde a lo que llamaríamos estable, no sostenible, y debería comprender en los desarrollos anunciados actuaciones sobre el sistema financiero, proyecto macroeconómico, relación empresa y espacio laboral, sectores de producción y procesos de expansión, razonando la elección de estos sectores y en función de los escenarios que se diseñan en la UE y otros más generales dependientes de la globalización.
Nota: Este artículo trata de aportar opinión para colocar la acción del Gobierno, con la ley anunciada, en el lugar preciso dentro de la economía y de los escenarios mundiales aceptados.