Veía en televisión la película, No estás sola, Sara, basada en hechos reales, en el maltrato que una joven estudiante recibió de su novio en su tormentoso tiempo de relación. A lo largo de la película oímos muchas veces la palabra amor en labios del maltratador. Pero lo que veíamos no tenía nada que ver con el amor y sí con el machismo, con el ansia de posesión, con la idea de propiedad privada, con la negación del reconocimiento a su pareja, con la falta de respeto hacia ella. Sí, él habla mucho de amor a lo largo de la cinta y seguramente continuará hablando de amor a otras chicas que también creerán en sus palabras -está libre y dispuesto a continuar maltratando-, pero sólo hay violencia y desprecio y un soterrado complejo de inferioridad, que es el que lleva a los machistas a arremeter contra sus parejas porque, como dicen los psicólogos, aquéllos entienden la violencia como una acción viril y consideran a la mujer como un ser subordinado.
Y lo que más nos aterra es que el maltratador también es joven y se supone que ha sido educado en una época que entiende de igualdad entre seres humanos. Pero sí, la maltrata y ella se siente sola e inmersa en un miedo atroz que le impide reaccionar, que le frena para denunciar, que le obstaculiza para tomar la decisión de dejar a una persona que habla de amor, pero le pega; le dice que la quiere, pero la maltrata; la llama, una y otra vez, mi niña, pero la somete a violaciones. Y ella calla ante el miedo al escándalo y no denuncia porque tiene terror y su entorno tampoco ayuda: su madre sabe lo que ocurre, pero mantiene silencio. En el fondo hay quienes continúan pensando en eso de que los trapos sucios hay que lavarlos en casa.
Pero, por suerte, cada vez menos opinan así. La promulgación, hace unos cinco años, de la Ley Integral de Medidas Urgentes contra la Violencia de Género despertó algunas conciencias y, sobre todo, puso de relieve la valentía de algunas victimas que dijeron basta a tanto atropello. Y si hasta el día 23 del presente mes el número de víctimas mortales fue de 49, en el mismo periodo del año anterior se registraron 63. Hoy dos de cada diez ciudadanos reconocen tener conocimiento de algún maltrato en su entorno y han crecido las denuncias en el ámbito familiar de la mujer maltratada en un 116%. Datos que vienen a corroborar que esta forma de violencia que antes permanecía oculta hoy se nos aparece como una clara preocupación social. Preocupación que se acrecienta cuando los medios de información nos cuentan que, en distintos puntos de España, en cuatro días, se detuvieron a cinco maltratadores de entre 21 y 26 años. ¿Es esto normal?
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