En la columna Oscuro horizonte, su autor, don Juan Bautista Sanz, sostiene que "la gente de la calle empieza a creer que la democracia no es que sea un sistema imperfecto, es que es una fórmula política diseñada para que unos pocos se enriquezcan a costa de los muchos". Su discurso puede malinterpretarse como nostálgico de doradas épocas dictatoriales en las que no había percepción de corrupción porque, por razones obvias, no trascendía, a pesar de que sabemos que, durante ese periodo de 'estremada placidez' que, según uno de los colaboradores de la cátedra que la UCAM le ha montado a Aznar -¡qué fichaje!; por cierto, ¿dará sus clases en inglés?-, Jaime Mayor Oreja, fue el franquismo, un tipo de buena familia aunque sin un duro, Franco, montó, de la nada (bueno, de la sangre y el sudor de los españoles sin pedigrí a los que tuvo a bien no exterminar) un patrimonio que permite a sus descendientes, medio siglo después, vivir sin dar palo al agua. De ahí para abajo, no hubo cargo que no le imitara, salvo Fraga, todo lo autoritario que se quiera pero honrado a este respecto.
Olvida el señor Sanz que los políticos no son extraterrestres sino una emanación de la población en la que se han criado y de la que han mamado usos y costumbres, y que, en una democracia, para seguir en el machito tienen que someterse a examen electoral. Y aquí reside el problema: ¿Cree usted que son inocentes los votantes que, a pesar (y son sólo ejemplos) de saber que Fabra tiene nueve procesos pendientes derivados de su actividad pública, que Espe consiguió el poder tras la compra, nunca investigada -esa es otra, la responsabilidad judicial, de la que nadie parece acordarse- de dos diputados 'socialistas', que Camps llama 'amigos del alma' a presuntos delincuentes o que el alcalde de su pueblo ha pasado por prisión y está libre bajo fianza, tras de que se hayan montado manifestaciones para que lo liberen, les siguen votando, incluso más, después de sus presuntos delitos? O, por no poner sólo ejemplos españoles, Berlusconi, un tipo con decenas de procesos pendientes previos a su entrada en política, de calibre descomunal, algunos con implicaciones mafiosas ¿acaso obliga a la mayoría de los italianos, con una pistola, a que cojan su papeleta y la depositen en la urna?
No, señor Sanz, la democracia puede ser lo que usted ha dicho o todo lo contrario; a diferencia de la dictadura, donde nadie es responsable de nada, ya que, salvo que le guste pasar por la cárcel, carece de posibilidad de expresarse, la democracia refleja la salud moral de la sociedad que la 'disfruta', y los políticos en el poder son los que la gente decide. Y no me vale lo de que "no hay liderazgo alternativo"; eso, como dicen en mi pueblo, es pan, pijo y habas. Los ciudadanos siempre pueden organizarse por su cuenta o, en el caso de que no sea posible, abstenerse. Pero no olvidemos que las victorias, cada vez más clamorosas, de Camps, de Espe, incluso de nuestro Valcárcel en esta Murcia tan 'no typical', lo son con participación abundante de la 'ciudadanía'. Por tanto, ¿no sería más lógico pensar que nos va la marcha, señor Sanz?