Iglesia católica e Iglesia anglicana trabajan a fondo para robarse fieles. La última opa de Roma le quitó a Canterbury medio millón de almas. Roma había dado antes un gran golpe fichando a Tony Blair, un tránsfuga profesional, que ya se pasó de la 'tercera vía' de la izquierda a la primera de la derecha. Canterbury dice que todo se compensa con los católicos llevados día a día al anglicanismo. Las diferencias de fondo son muy reales: sacerdocio de la mujer o no, celibato o no, homosexuales o no, autonomía local o centralismo a ultranza. En España hay muchos católicos partidarios de la ordenación de la mujer, el fin del celibato obligatorio o la autonomía de las comunidades de base, pero han de hacer vida casi clandestina, sin opción tampoco a hacerse anglicanos. Si Canterbury abriera una sucursal bien dotada en España íbamos a ver cómo aguantaría el tipo Roma en el mercado libre.