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Instrucciones en latín

 
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JOSÉ DANIEL ESPEJO Miembro del Foro Ciudadano de la Región de Murcia

Han pasado ya casi tres meses desde la última encíclica papal, Caritas in veritate, con la que Benedicto XVI salía al paso de la crisis global sentando las bases de la doctrina social de la iglesia católica.
En el momento de su redacción el mundo acababa de atravesar el negro ecuador de la tormenta y a los cientos de miles de puestos de trabajo perdidos se sumaban serias advertencias de catástrofes humanitarias en África subsahariana. Obama acababa de nacionalizar General Motors y de la inminente cumbre del G-8 'se esperaba' (según los mass-media aplicados a vender la reunión como la solución a todo mal) medidas revolucionarias o al menos keynesianas: la reposición del papel del Estado como árbitro y como inversor, por un lado, y un control severo del supersofisticado y ultrairresponsable sector financiero que nos había arrojado al agujero, regulación de sueldos de ejecutivos y eliminación de paraísos fiscales incluidos, por otro. ¿Recuerdan aquello de 'la refundación del capitalismo'? Acuérdense. No hace tanto. Yo la llamo la Primavera de las Grandes Palabras. En Estados Unidos llovían miles de millones de dólares en operaciones de salvamento de entidades financieras, y en Europa poníamos las barbas a remojar.
La salsa del texto de Ratzinger, como recuerda Leonardo Boff, es la misma que la de los dignatarios occidentales durante la primavera pasada: la necesidad de mencionar conceptos como redistribución, ética empresarial, justicia social, empobrecimiento o inmoralidad posmoderna 'evitando al mismo tiempo' cualquier guiño al viejo léxico del materialismo dialéctico. La receta parece complicada, pero doctores tiene la iglesia. David de Ugarte señala en el texto la contradicción entre la recomendación de volver a relaciones económicas más sencillas, comunitarias y 'controlables' (¿se habrá vuelto el Papa decrecionista?) y la anatematización de todo avance de la sociedad de la información, incluyendo los que suponen una alternativa, en buena 'lógica de la abundancia', a la ley del mercado generador artificial de escasez. Es decir: más que una 'liberación', lo que Ratzinger propone es una vuelta a una sociedad pasada en que la banca se regía por sólidos principios éticos, los intercambios comunitarios eran tan o más importantes (y mucho más eficaces) que el frío mercado a la hora de proveer de bienes y trabajo y, casualmente, la Iglesia católica era la máxima autoridad moral. O sea, una vuelta a una sociedad que nunca ha existido, salvo en la última parte.
La crítica a la sociedad postmoderna que subyace en la encíclica, basada en su insolidaridad y en el alejamiento artificial del individuo y su comunidad, podría obviamente ser suscrita por organizaciones altermundistas, pro derechos humanos y de izquierda. ¿Es esto el mundo al revés, donde hasta el enemigo repite tus consignas y uno se pone súbitamente de acuerdo en soluciones inmediatas? Para entender por qué no es así, recuerdo una anécdota que contaba hace poco Ramón Lobo en su blog: un ex ministro de Economía le confesó una vez en privado lo siguiente: "Cuando sucede algo y los medios de comunicación presionan siempre hacemos un comunicado. Por lo general con eso se calman, pero si insisten, entonces tomamos una fake decision". Esto es: una decisión que contiene una vaga impresión del qué, pero no del quién, el cómo, el dónde y el cuándo.
En Caritas in veritate encontramos, es verdad, alusiones muy precisas a la necesidad de una reforma de los sistemas financieros o a un cambio liberador de la ONU. Pero también tenemos que ser conscientes de lo que el texto no contiene: directrices concretas de actuación para las autoridades eclesiásticas inmediatamente inferiores, comprometiéndolas a la actuación, a subordinar sus agendas particulares a la aplicación inmediata de la nueva doctrina social. Así, vemos que en Italia la Iglesia mueve sus poderosas fichas a la hora de impedir la desconexión de Eluana Manglano de sus sistemas de respiración y alimentación artificiales, llamando a la movilización callejera, bombardeando con editoriales y campañas anti-eutanasia, forzando acuerdos con Berlusconi para emitir leyes exprés que impidan lo que llaman 'asesinato a sangre fría', etcétera. Vemos también a la curia enfrentarse al primer ministro por su moralidad disoluta, su divorcio y sus asuntos con prostitutas, y a éste contraatacar difamando desde su diario estrella a un alto cargo del grupo mediático del Vaticano. Mientras estas batallas tienen lugar, y como en un mundo paralelo, el Parlamento italiano declara ilegales a los extranjeros indocumentados y promueve la creación de milicias dedicadas a perseguirlos, un atentado a los derechos humanos que no ha suscitado entre la curia ni caritas ni veritas, hasta la fecha.
Y lo mismo en España. Busquen el modus operandi ético de Cajasur, la financiera de la Iglesia. Busquen decrecionistas en la emisora de radio episcopal. O altermundistas. O keynesianos, al menos. Busquen a alguien que diga alto y claro en la COPE que le parece una salvajada que los inmigrantes indocumentados vayan a perder el derecho a empadronarse, y por ende el de recibir asistencia sanitaria, según la nueva Ley de Extranjería que se está negociando en este momento. Busquen caridad o verdad, que lo que encontrarán será a algún tipo muy cabreado diciendo que el Gobierno está obligando a las niñas de dieciséis años a abortar y además a ocultárselo a sus padres. Y ya de paso fíjense en la paradoja: a los dieciséis años, las niñas abortan; a los catorce, los menores que delinquen merecen que se les aplique la misma pena que a los adultos, según el repertorio léxico, tan verdadero y libre como caritativo, que se baraja en esas ondas.
Fake decisions. No cifras, no compromisos. Grandes palabras. Hojas de ruta sin punto de partida ni destino. Instrucciones, pero en latín.

forociudadano.org

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