A veces, las reglas por las que se rigen las Administraciones, necesarias para el funcionamiento general de las instituciones, pueden dar lugar a situaciones absurdas al ser aplicadas en circunstancias particulares. Cuando los afectados por dichas circunstancias son niños pequeños, urge más que nunca encontrar una solución que no se dilate en el tiempo, esto es, que no llegue demasiado tarde.
El colegio Pipiripao de Cartagena constituye una excepción dentro de la red de colegios públicos de la región. Es un colegio pequeño -150 alumnos-, de un solo nivel educativo -Educación Infantil-, y no definido como 'centro de integración', esto es, no receptor de alumnos con necesidades educativas especiales, por no contar con personal de apoyo para atenderlos. En la práctica, sin embargo, existe un aula en la que se han detectado dos casos muy claros de atención especial, documentados por la orientadora y corroborados por el inspector, que impiden, ya desde el curso pasado, el desarrollo de una clase normal.
La consejería de Educación ha sido informada de esto repetidas veces -por la directora del centro, por la orientadora y por el propio inspector- y, por toda respuesta, se atiene a las reglas vigentes: no se trata de un centro de integración, luego no se le asigna personal de apoyo. Quizá no se ha sopesado el daño que, cada día que pasa, sufren tanto los dos niños que no son correctamente atendidos, como el resto de la clase, a quien se impide no sólo recibir la enseñanza correspondiente a su nivel, sino además, aprender a relacionarse de un modo adecuado con esos dos niños; por no hablar de la constante y estéril lucha reemprendida cada mañana por la tutora, impotente ante una situación que se le escapa de las manos, y la comprensible y creciente preocupación de los padres.
No se pretende, desde estas líneas, señalar a nadie con el dedo ni pedir tratos de favor, ni siquiera cuestionar las normas existentes. Pero si la insistencia mostrada hasta ahora por los profesionales implicados en este asunto no ha sido suficiente, los que estamos al corriente tendremos que apoyarlos con nuestras armas, en mi caso, con la pluma: todo menos dejar de señalar, en nombre de quienes aún no tienen edad para defender sus derechos por sí mismos, cuáles son las cosas que apremian.