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La pobreza es un fenómeno ligado a la exclusión social y a la desigualdad, no solo en los países menos desarrollados, sino que incluso dentro de las sociedades más 'favorecidas' los rostros de la exclusión se están multiplicando con las nuevas situaciones de pobreza y desarraigo social que se están produciendo.
Nuestra Región de Murcia, a la cola del resto de España, no iba a ser menos. En 2005, en plena etapa de bonanza económica, alrededor del 25% de los murcianos disponía de una renta inferior al 60% de la renta media equivalente en España, situándose la tasa de pobreza regional en el 26,4%. En 2006, la incidencia de la pobreza en la Región superaba a la media nacional: el porcentaje de pobres y privados aumentaba ligeramente en Murcia, mientras que en España se reducía un 0,7%. Si esta era la situación en tiempos de auge económico, es fácil imaginarse como está en el último trimestre de 2009 con la crisis azotando sin piedad.
La relación entre pobreza, desarrollo humano y desarrollo sostenible resulta indiscutible. Los efectos del cambio climático, el deterioro del medio ambiente así como la limitación en el acceso a servicios asequibles de energías no contaminantes afectan desproporcionadamente a los países menos desarrollados del mundo. Las consecuencias previstas para los países más pobres se prevén desastrosas por los efectos del cambio climático sobre el PIB mundial y por el daño que este fenómeno causa a todas aquellas iniciativas destinadas a combatir la pobreza y a mejorar la calidad de vida de los más pobres.
No sólo hay que lamentar pérdidas de vidas humanas o el empeoramiento de sus condiciones de vida, sino los daños al aparato productivo que ocasiona grandes retrocesos económicos, traduciéndose en un gran empeoramiento del desarrollo humano, que como consecuencia traerá más miseria y pobreza.
El primer Objetivo del Milenio de la ONU del año 2000 era erradicar la pobreza extrema y el hambre (personas cuyos ingresos sean inferiores a un dólar al día) para el año 2015. Pese a la relativa mejora producida en el cumplimiento de este objetivo, las cifras siguen siendo extremadamente preocupantes, por diversos factores como la escasez y la carestía de los alimentos o la dificultad para realizar proyectos de intervención para aumentar la productividad de los cultivos de los más pobres.
Son muchas las razones para el estancamiento económico de las naciones más pobres: la injusticia sistemática, la corrupción de sus Gobiernos, las guerras, las enfermedades, etc. La pobreza y el crecimiento de la población pueden reforzarse entre sí en un proceso de retroalimentación negativa que perpetúa a los pobres cada vez más pobres.
Los altos niveles actuales del caudal productivo no son necesarios para sostener un nivel de vida digno de todos los habitantes del planeta. Mediante cambios técnicos, distributivos e institucionales podría reducirse la tasa de producción mejorando la vida media de la población mundial.
En la era de la globalización es evidente que la creación de estrategias de lucha contra la pobreza extrema es un asunto de máxima prioridad
Todo el mundo podría alimentarse de modo más que suficiente con el volumen de alimentos que se producen. Pero falta voluntad política a escala mundial para alcanzar estos resultados. La reflexión para todos sería: ¿Estamos realmente dispuestos a reducir nuestro nivel de vida?
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