No piensen que me estoy refiriendo a las buenas prácticas de un determinado grupo profesional muy en moda últimamente como es la clase política, que como servidores públicos -al igual que todos los que estamos en ese servicio de una u otra manera-, debemos practicar con más esmero, si cabe, que los que se dedican a una actividad privada. Me refiero precisamente a los comerciantes minoristas de la Región de Murcia, que desde el pasado 3 de octubre se encuentran inmersos en un decreto regional que los regula, y que por su trascendencia, he querido reflejar hoy.
Ese Decreto 323 ha creado la marca distintiva del comercio minorista de la Región de Murcia, de uso voluntario, que se denomina 'Sol-Región de Murcia, Nuestro Comercio de Confianza', cuya identidad corporativa se ve acompañada con uno, dos o tres soles. Un sol, si se adhieren voluntariamente al código de buenas prácticas en el comercio. Dos soles, si además acreditan haber obtenido la certificación de calidad del servicio para el pequeño comercio. Y tres soles, para los comercios que tengan implantados los modelos de excelencia homologados por la Unión Europea.
La ventaja de la aplicación de este código es triple: Para la Administración, porque garantiza los derechos de los consumidores y usuarios; para el empresario, puesto que les permite el autocontrol de su actividad, mejorando su nivel de calidad, seguridad e imagen, y para los consumidores y usuarios, al respetar sus derechos e intereses y por la resolución amistosa de conflictos a través del sistema arbitral de consumo.
Este decreto contempla un decálogo de compromisos y objetivos que se resumen así: 1. Profesionalidad en la atención al cliente, con un trato cercano, cortés, profesional y personalizado. 2. Información completa de los productos, su precio, características, servicios, marcado y etiquetado. 3. Relación de confianza, basado en la calidad de los productos. 4. Incorporación a las nuevas tecnologías, como TPV, Pc, datáfono o sofware. 5. Protección y seguridad en su relación con el cliente, protegiendo sus datos personales y comprobando los pagos con tarjeta de crédito. 6. Imagen y condiciones de los establecimientos comerciales, colaborando con la mejora del entorno urbano comercial. 7. Credibilidad y fiabilidad, evitando la publicidad engañosa. 8. Sostenibilidad y medioambiente, mediante la gestión sostenible de residuos, envases y embalajes. 9. Cooperación y responsabilidad social de la empresa, participando en las iniciativas colectivas. Y 10. Formación, propia y del personal.
Pues bien, mientras escribía este artículo me fluía en la mente si soy un mal pensado por no creer en el interés ecológico que muestran ciertos supermercados, al no facilitar ya bolsas de plástico. Pero hete aquí que se me ha cruzado un correo electrónico, que por confirmar mi mal pensamiento no me resisto a datarlo. Las bolsas de plástico, en contra de lo que afirman, sí son reciclables varias veces y al 100%. Se trata de un subproducto del petróleo que si no se usa se convierte en un residuo en la refinería. En cambio las de rafia o tejido sin tejer que pretenden vendernos ahora no lo son. Y además, aquéllas no tardan cuatrocientos años en desaparecer, sino meses. El ecologismo les importa poco, lo que desean es ahorrarse millones de euros y encima ganar dinero vendiéndonos esas bolsas de rafia. Sin olvidar que pueden quedarse 20.000 personas en el paro. Eso sí que es un código de buenas prácticas.