El día primero de octubre ha sido asignado como el Día Internacional de las Personas Mayores. Craso error de dedicar un día a estas personas. Pues para los mayores todos los días es su día, día que transcurre como el agua del río, que no pasa dos veces por el mismo cauce. Un día, para los mayores es una victoria más grande que la de Samotracia. El mayor de edad todos los días gana una batalla a la guadaña de la muerte. Los mayores no tienen un día para conmemorar; conmemoran todos y cada uno de la hoja del almanaque de la vida. Los mayores son un elemento social soporte de sabiduría que se debe reconocer y procurar su bienestar, como aconseja Naciones Unidas. Cuando desaparece uno de ellos, la Tierra se traga toda una fuente de sabiduría. No en balde decía el refranero español: "Si quieres saber, cómprate un viejo".
Y es que gran parte de la sabiduría llega con la edad. Miguel Ángel escribió su primera poesía a los 80 años. Yo mismo, sin ir más lejos, he descubierto que a mis 83 años soy lo que se dice un storyteller, pues siempre que escribo en La OpiniÓn trato de que lo narrado sea verdad, de embaucar al lector para que quede contento con lo expresado y que lo efímero fugaz quede plasmado en letras de molde en un diario bajo el triunfo del periodismo.
La OpiniÓn, el pasado 30 de septiembre publicaba un suplemento con el título Valores que crecen con la edad como prueba de garantizar los derechos, el bienestar como prioridad.
Los mayores, como diría San Pablo, "todos los días pelean su buena batalla". No somos una especie a proteger, sino a conservar. No demos nunca la espalda a nadie y menos a una persona mayor de edad, arquetipo de sabiduría, experiencia y conservador de valores entrañables y eternos. Somos muchos lo que corremos en el 'Estadio de la Vida', pero sólo unos pocos alcanzamos la longevidad de la senectud. Decían los antiguo romanos que senectus mentis inmensa, "senectud, inmensa madurez de juicio".