La diferencia entre la sociedad permisiva y la autoritaria es que la primera está fundada en la libertad y los derechos, y la segunda en la autoridad y los deberes. Hay épocas como la que hoy vivimos, de una gran inseguridad, en la que añoramos la autoridad y de hecho la pedimos a gritos desde todos los estamentos.
Nos quejamos de falta de respeto en la escuela, en la sociedad y en la familia. La autoridad brilla por su ausencia y lo que hemos conseguido con tanta permisividad nos da miedo. Hay una gran nostalgia de la autoridad y del respeto, pero no sabemos qué hacer para corregir las desviaciones sin cargarnos los logros.
Por esto hay un gran desacuerdo entre las instituciones, los profesionales y los padres. Nadie duda de que todos queremos el bien de los jóvenes, pero no podemos obviar que el respeto y la obediencia son valores básicos a exigir a los niños, y que se aprende a ser libre obedeciendo. Y no podemos olvidarnos del ejemplo, de la exigencia, de los deberes y, cómo no, también de los derechos.
Ellos tienen que notar que es el gran amor que les tenemos lo que nos empuja a exigirles, día a día, para que sean mejores, más felices y más libres. Para ello no nos está permitida la incoherencia en nuestras vidas, porque, probablemente, ésta sea la causa de la actual 'locura' de los jóvenes.