Usando un buscador, la aldea asturiana de Sietes sale en el mapa universal del número 7. Tal vez así llegaría a ser elegida para el spot de lanzamiento de Windows 7. Los filólogos explican los caminos del nombre Sietes, pero esos caminos son siempre enigmáticos. Subvirtiendo algo la idea misma de historia y la filología, podríamos pensar que los nombres no nacen cuando nacen, sino cuando se cumple su destino luminoso, y toda su vida anterior se explica por éste. Más de medio siglo antes de ese cenit dormí en Sietes, en un pajar, en una marcha colegial a Covadonga. Nunca podré olvidar el calor y el aroma de la yerba seca, ni tampoco el nombre, una especie de evocación de la pluralidad del número divino. Aunque esto no lo cavilara entonces, me pareció misterioso. Mucha gente en el mundo, que no sabe dónde está España, sabrá pronto de Sietes, la aldea fantástica de la aldea global.