La encuesta que Sanidad ha realizado entre los jóvenes escolares - entre los 13 y 18 añetes - sobre el consumo de alcohol y drogas, no tiene desperdicio porque es un puro desperdicio. Resulta patética y peripatética. Patética, porque los datos que arroja no pueden ser más preocupantes: la mitad son consumidores habituales, de los cuales, el 99,8% son menores que se lo meten entre pecho y espalda todos los fines de semana en los outlets del botellón. Y peripatética, porque encima, la ministra del ramo los califica de "esperanzadores", dado que se consume menos cocaína (el cannabis es más barato) aunque hayan aumentado las borracheras. No se da cuenta - yo creo que sí, pero intenta vendernos la moto - de que también para los gaznápiros del sábado/noche existe la crisis económica. Y si no pueden animalizarse con un éxtasis, pues se machacan con alcohol etílico, y listo el lote, tontolbote... Ahí tenemos lo de Pozuelo de Alarcón, por ejemplo.
Pero los números acojonan: alcohol, tabaco y cannabis se llevan la palma con un 81,2%, un 44,6% y un 35,2%, respectivamente. De los 2,3 millones de jóvenes que tenemos, un millón y medio, manda güe.., más de un 65%, declara no consumir drogas ilegales, aunque sí que se las meten de las llamadas legales. El resto, osea toda una tercera parte, es adicta a lo que le echen, incluídas las ilegales, por supuesto... El alcohol empieza a empapar hígados con apenas trece años de edad - ¿dónde está el control de la venta a menores? - y los comas etílicos han aumentado más de un 30%. Y también más de la cuarta parte de los jóvenes de toda España practica el botellón de forma habitual de viernes a domingo. Son porcentajes netos de brutos, osea, de jumentos. Aún y así, declara la señora ministra que "la prevención, funciona"... ¡Anda que si no funcionara!.. Porque, gracias a que funciona, en tan solo un año "solo" ha subido un 5,6% el enganche. Pues enhorabuena, hija mía...
Yo sigo preguntándome a qué puñetas se debe que nuestros jóvenes se cretinicen en masa de esa manera. Por qué el destruir y el destruirse así. No me vale el sobado cuento de la incertidumbre laboral, y lo de su incierto futuro, y todas esas milongas que cada vez suenan más a excusas verbeneras. El futuro incierto y negro se lo están labrando ellos solicos en su mismo presente. Peor, mucho peor, muchísimo peor lo tuvimos los de posguerra y no nos suicidamos por eso. Tampoco me sirve el manido psicoanálisis barato de que es su rechazo a la sociedad que le dejamos los mayores. Bien que se aprovechan de lo que les suelta papá y bien que se enganchan al consumismo más ciego. Lo que no gusta, se cambia. Y punto. Pero criticar el hedonismo social y familiar siendo más hedonistas que nadie, no cuela, Manuela.
Y sigo contestándome que la culpa está en unos padres que no hemos sabido transmitir valores ni hacer familia, y en una democracia que no ha sabido cambiar derechos por responsabilidades porque sólo se ha preocupado de recaudar votos. Que hemos maleducado con nuestras carencias y no hemos educado con nuestras tenencias. Y que por eso también las administraciones son débiles, cuentistas y malabaristas. Porque somos los mismos. Somos los mismos los que no los educamos en las casas, los que no los formamos en las escuelas, y los que no los gobernamos desde los gobiernos... Somos todos los mismos incapaces que hacemos dejación de nuestra obligación.
Nuestros críos se malcrían. Nuestros jóvenes se autodestruyen. Se embrutecen en lugares y locales bendecidos para ello por un sistema social que va a la deriva, y que asiste, asustado, confundido y aturdido, a su ya cantada decadencia. Y que en vez de reaccionar con energía, contemporiza, disimula y se hunde en su propia mierda cada vez más. Es lo políticamente correcto. Lo demás no existe. Nuestros cada vez más jóvenes tarados, tampoco... Juventud o jumentud, ¡qué carajo importa! Pos fale, nene...
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