Lleva cerrado varias décadas; se le conoce como cárcel vieja; trae a la memoria muchas miserias y otras tantas injusticias; era prisión preventiva -y así se indica en la fachada- para presuntos delincuentes comunes y políticos en proceso. Aún quedan en pie la mayoría de sus muros después de haberse derrumbado con estruendo, y hace tan sólo unos días, la cúpula central; justo la que cubría la zona acristalada de control de vigilancia; la menos lúgubre porque por ella entraba, al menos, la luz del sol. Es un monumento a la desdicha; en sus paredes están, imborrables del alma, los gafritti de sus inquilinos; las emociones retenidas. Se pueden leer cada arañazo de desesperación.
Los cerrojos suenan con un eco que te trastorna; se reconocen los comedores, lo que fuera la gran cocina y que el asalto durante estos años pasados, ha dejado los grandes huecos de los fogones industriales; negros también y con adorno de latón. En el mercado de la chatarra sus desvalijadores habrán obtenido buenos dividendos. El patio a pie de palmera, que no sé si está atacada, en la maldición, por el picudo rojo, se reconocen los pasos de quiénes sufrieron tal penitencia. No he dicho que la cárcel vieja está ubicada en la Circular (antes Generalísimo) -no se libró de nada- de la capital de Murcia.
Lo último que se comieron las ratas fueron los colchones de borra amontonados en un rincón; en algunas repisas del comedor y de alguna que otra celda quedan algunos utensilios: un cazo, un vaso...restos de la desesperanza. La zona que servía de comunicación y visita; entre penados y familiares u otros; abogados, amigos, etc..., es lúgubre y de horrible separación; imposible la caricia que no fuera de palabra a través de otras celosías de hierro. Ahogadas en la penumbra, sin posibilidad de aire ni aliento.
Aún peor eran las celdas de castigo; zulos enrejados, jaulas inhumanas para humanos. El edificio ha pertenecido a varias administraciones del Estado; con tentaciones de mantenerlo, en su uso, en la maldición. Otras veces las voces se han levantado para clarear sus espacios, tapar el ladrillo visto que le delata, y dedicarlo al arte, en señal de libertad. Hubo un proyecto ambicioso llamado "Panóptico" que diseñaba un conjunto unido al subterráneo de la circular y su fuente. Pero mientras llega la decisión final y su presupuesto, cada garita de todas las esquinas, son dolores policiales; mal augurio y peor recuerdo.
Tiempo y hora va siendo de que desaparezca lo que fue y que se adapte a un tiempo nuevo; que no lo tengan que hacer todo los ojos que lo miran con perdón y buena voluntad. Urge el asunto, manos a la obra, por favor, qué eso también es memoria histórica.
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