n SÍsifo en las SICAV. Sísifo, impulsor del comercio y la navegación y el más astuto de los humanos, no dudaba en recurrir a medios infames con tal de aumentar su notable riqueza. Cuenta el mito que por haber ordenado a su mujer que no ofreciese el sacrificio preceptivo cuando él muriese, fue condenado a subir una enorme piedra a la cima de una montaña. Antes de alcanzarla, la piedra se deslizaba inexorablemente ladera abajo y Sísifo tenía que volver a comenzar. Y así por toda la eternidad. Las SICAV (Sociedades de Inversión de Capital Variable) son a la vez nuestro Sísifo particular -por lo del enriquecimiento y los procedimientos para ello empleados- y nuestra condena. Se han utilizado nuestros impuestos para socorrer y salvar de la quiebra a los que, después de enriquecerse, la crisis había puesto en la ladera descendente de la cuenta de resultados, y ahora nos toca pagar más impuestos mientras las SICAV seguirán pagando tan sólo el 1% de sus pingües ganancias. Sin duda, las SICAV son un castigo de los dioses porque, aunque el Gobierno tuviese la voluntad de aumentar el gravamen a las SICAV, está condenado a no hacerlo. La explicación es bien simple: en otros países de nuestro entorno, las sociedades de inversión de capital pagan tan exiguos impuestos como por estas tierras. Si aquí se les subiesen, emigrarían en seguida a cualquier otro lugar donde les dejaran enriquecerse en paz, con lo que nos quedaríamos sin impuestos y sin capital. Ya digo, los dioses castigan a las rentas medias que tienen que subir a los ricos a la cima de su riqueza cada vez que una crisis los derriba.
n El laberinto valenciano. El último giro que ha tomado la trama Gürtel en su versión valenciana resulta preocupante. Dos importantes instituciones del Estado, como son la Policía y la Judicatura, se ven enfrentadas a raíz de la supuesta existencia de unos informes policiales que apuntan a una financiación irregular del PP valenciano y de la reacción de los presuntamente implicados en la trama afirmando que son objeto de una persecución. Parece claro que una de las dos ha obrado de manera inadecuada a sus funciones. Ya ha pasado con otras veces, como resultado de la pugna partidaria, que órganos del Estado como el Tribunal Constitucional, el Consejo General del Poder Judicial, e incluso el Tribunal Supremo han sido puestos en almoneda. PP y PSOE tienen una insana tendencia a usar las instituciones del Estado como palanca para conseguir sus fines. Su estrategia -señaladamente la del PP- es abrir el campo de batalla en la creencia de que cada nuevo frente abierto causará una hemorragia que acabará por desangrar al adversario. Esta voraz pugnacidad convierte a ambos partidos en permanentes invasores del espacio público. Con una irrefrenable tendencia a embarrarlo. Eso empieza a ser una amenaza para el Estado de Derecho. Lo que está en juego no es la mermada credibilidad del PSOE o del PP, sino algo mucho más serio.
n Bien por las biondas. Hay que felicitar al ayuntamiento de Murcia por la colocación de biondas (protectores de barreras para los motociclistas) en los laterales de la Ronda Sur (ver especial de LA OPINIÓN del viernes, 25 de septiembre). ¿Cuándo van a empezar a sustituir la actual pintura resbaladiza de la calzada por una antideslizante? Los moteros tememos pánico a pasar por encima de ella, sobre todo si está mojada como estos días atrás. Si hay que tocar el freno, ya ni les cuento. En ciudades como Barcelona hace ya tiempo que están sustituyendo la pintura deslizante de las calzadas por una adherente. Existen pinturas que no entrañan peligro para los vehículos de dos ruedas. No se trataría de hacer el fuerte desembolso de sustituir la ya existente, sino de ir utilizando la nueva cada vez que haya que repintar una calzada. Murcia, por su clima y por su terreno llano, es la ciudad ideal para los vehículos de dos ruedas, que no sólo facilitan los desplazamientos a sus usuarios, sino que contribuyen a descongestionar el tráfico ciudadano y a disminuir la contaminación y la emisión de CO2. Pero, para la seguridad de las motos y las bicis en la ciudad, tan importante o más que las biondas es la sustitución de la pintura deslizante. A ver si toma nota el Ayuntamiento.
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