Arte español

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Juan B. Sanz

Ocurre que para referirse al arte español debe hablarse lo menos posible de arte. No hay, en realidad, un genuino arte español: lo que hay es grandes artistas españoles. Para comprender, por ejemplo, el gran arte de Flandes, no debe olvidarse nunca al maravilloso artesano que lo hace. El arte de Italia supone casi siempre un retórico genial. El arte de España supone, en primer lugar, al artista que lo hace arte en la misma medida que lo hace español.
Este arte no se explica por el normal transcurso de los estilos, sino por el extraordinario de algunos seres humanos que exceden todo estilo y todo transcurso normal. El arte de España es, sobre todo, hombre o mujer; personalidad. Personalidad en estado salvaje, como Goya o Solana; personalidad en estado de gracia, como Velázquez y Zurbarán; personalidad mágica inescrutable, como Pablo Picasso o Juan Gris.
Privado, pues, de la regularidad que pudiera otorgarle un molde estable, mantenido a lo largo de los siglos, y descansando sobre inspiraciones individuales cuya fuerza deriva de su misma libertad y desconexión, todas las corrientes son posibles en este arte. El arte español es un arte "de puentes rotos y de naves quemadas". Una forma de heroísmo o de temeridad solitaria. En su evolución no debe intentarse adivinar, nunca, "lo que debe pasar", sino "lo que no debería pasar". Así puede acertarse alguna vez; a menos que a uno de sus héroes se le ocurra realizar algo que no es lo que debe pasar, ni lo que no debe, sino todo lo contrario.
Lo contrario, aclaro, es ese misterio que los que no lo conocen y lo quieren llamar genialidad, que los que ni lo quieren ni lo conocen llegaron a llamarle aberración ibérica, y que quienes lo conocemos y lo amamos no sabemos llamarle más que España. Todas las formas supremas de arte hispano y aún de mucho de lo que aquí es supremo sin ser arte, se configuran sobre estos dos imponderables: la soledad y el absurdo. Sola y absurda fue la creación mística española, que cambió las leyes de la gravitación al establecer que el ser humano no gravita sobre la tierra, sino hacia el cielo. Sola y absurda fue la acción del ser humano que atravesaron el mar, cruzaron las tierras del nuevo hemisferio, y siguieron andando hasta que se dieron cuenta de que ya no había más mundo que andar, que el mundo se había cansado de que lo anduviesen mucho antes que ellos de andarlo. Sola y absurda es la aventura del ser humano que lancea al toro. Sola y absurda es la gran pintura española.
Todo brote de arte genial oculta una cierta distanciación o inconformidad con el mundo, a veces violenta, a veces silenciosa: la inconformidad que nos propone el arte de los españoles es la más rebelde y la más insumisa de todas.
jbsanz2@hotmail.com

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