La reforma sanitaria que quiere acometer Obama parece, a priori, necesaria. Sin embargo, puede pasar inadvertida la inclusión del aborto sin restricciones, financiado con impuestos del ciudadano o de una eutanasia cuya crudeza asusta: Consignado el nuevo paradigma de la salud en EE UU, oficialmente adoptado por la OMS, se crean restricciones gravísimas, al reconocer el derecho a la salud sólo a aquellos ciudadanos que sean o puedan llegar a ser adultos sanos y productivos. Se pondrá límite a las consultas médicas y tratamientos para crónicos, desde síndromes de Down, enfermos de cáncer, ancianos... Al mismo tiempo, deniega la objeción de conciencia a los profesionales de la salud y le concede al Gobierno un control sobre las pólizas de seguro médico y la inspección de las cuentas bancarias personales para averiguar los gastos en salud. ¿Se trata de un avance sanitario o de una humillante clasificación entre enfermos baratos y caros, en un afán deshumanizador de la medicina sin precedentes? Obama, es otro de esos lobos disfrazados de mesías que gobiernan nuestro mundo haciendo apología de Dios, pero contra Dios.