Hacía mucho tiempo que no disfrutaba con la lectura de un 'buen' artículo periodístico. Sin embargo, mientras leía el otro día un texto de José Buendía publicado en LA OPINIÓN, he sentido un placer intelectual tan profundo e intenso que casi lo calificaría de indescriptible, debido a la claridad, concisión, exactitud, objetividad, originalidad y sencillez con que su autor ha tratado el tema: "Políticos en mangas de camisa".
Esta franca alusión a la forma desenfadada, cercana, sencilla y exenta de fatuidad, con la que Ramón Luis Valcárcel acudió a la veraniega cita con los periodistas en San Pedro del Pinatar, el pasado 14 de agosto, y al que ud. califica de "descamisado", por presentarse ante ellos en mangas de camisa implica por su parte, una cicatera ojeriza y una mezquindad inigualable, propias de alguien que, gracias a este artículo y a otros similares, que sin duda irán apareciendo, espera congraciarse con una parte importante de la sociedad murciana y agradar a la oposición.
Ha intentado, sin conseguirlo, emular el estilo retórico que W. Shakespeare utiliza, en palabras de Marco Antonio, en el panegírico que dedicó a su amigo, Julio César, de cuerpo presente, allá por las Idus de marzo y ante las puertas del Senado.
La vasta cultura clásica y la completa formación humanística, supuestamente, recibidas durante el episcopado del tarraconense, Ramón Sanahuja y Marcé, (1950-1969) y, en los 12 años de obligada permanencia intramuros -en los seminarios diocesanos de San José y San Fulgencio-, para poder acceder al sagrado ministerio sacerdotal y, al que ud. felizmente accedió, no son suficientes, en su caso, ni le confieren bula alguna para vilipendiar y ningunear el estilo veraniego y personal de nadie y, mucho menos, el del presidente Valcárcel, aunque solo sea por educación y bonhomía, cualidades que le presupongo.
Sin embargo, está en su pleno derecho, pues al hacerlo libera y vierte sobre la conciencia de los demás todos esos monstruos, que su razón produce cuando sueña despierta, o, ¿debería decir "ensueña", sr. profesor universitario?
Su aparente intelectualidad histórica queda justificada con la grandilocuente y simplona referencia a la pregunta ¿"qué ropa me pongo"? atribuida a Yekaterina II Alekséyevna de Rusia, llamada la Grande. Así mismo, su histriónico y apócrifo estilo periodístico, se queda solo en eso, pues -como diría Cela- confunde "el culo con las témporas" y, se basa, únicamente, en el fusilamiento de algunas frases, del presidente Valcárcel, recogidas por la prensa y entrecomilladas por ud.
El contenido de su artículo es de lo más pobre, infortunado y sombrío que he leído en los últimos años, y créame, que desde que compartí con ud. 8 largos años de estudio en los mismos seminarísticos muros y con los mismos profesores, desde entonces, he leído muchísimo; aunque claro está, no tanto como un señor catedrático de Psicología Clínica de nuestra murciana Universidad.
Pero, permítame que le recuerde esa chilindrina que circulaba, ya en nuestro tiempo, y que nos repetía, casi salmódicamente, nuestro querido profesor de Hª de la Filosofía y de Metafísica, -el filósofo salmantino y canónigo de nuestra Catedral, D. Santos Gutiérrez Fores-, en su clase: "Quod natura non dat, seminarius et universitas non praestant"; y como supongo que su conocimiento de la lengua del Lacio, al igual que el mío, seguirá siendo bueno, ahí le envío otro latinajo chirigotero: "Intelligenti, pauca".
No sería extraño que, este otoño, su cátedra universitaria ofertara un curso monográfico o un master subvencionado sobre: "Las repercusiones psicoclínicas de los políticos desmangados que asisten a los desayunos con la prensa, durante la ígnea canícula de agosto, en mangas de camisa y su nefasta influencia en las distímias paelleras de los gasterópodos rayados, que en Murcia son llamados 'serranas'".
A Ramón Luis, esa persona a la que ud., gratuitamente, tilda de "mandatario, demócrata a carta cabal, pero con una ambición desmedida"(sic), y a la que se atreve a juzgar, a ese que lleva ganando, por mayoría absoluta, todas las elecciones a presidente de la Comunidad de Murcia desde el 1995, pese a las difamaciones del partido de la oposición y las descalificaciones y maledicencias de personas tan cultas, instruidas y leídas como ud.; a ese "pobre" Valcárcel, al que ud. no acierta a saber qué le pasa y por eso lo pregunta, intentando hacerse el donoso y el sandunguero, cuando lo atribuye "a no encontrar sucesor, o a que si se debe a la gripe A, a un golpe playero de sol o a un subidón de autoconcepto"(sic); al bueno de Valcárcel, en el sentido de Machado, ("ser en el buen sentido de la palabra, bueno"), no le hace falta, para nada, aumentar los gastos de protocolo, porque no necesita acudir ni al asesor, ni a la doncella, ni al sastre para preguntarles cada mañana ¿qué ropa me pongo?
No obstante, veo que el léxico y el uso correcto de los sinónimos no es su fuerte, sr. Buendía, pues yo, sin ser profesor de nada, usaría "un ataque de autoestima o de megalomanía", en lugar de "subidón de autoconcepto".
A su vez, creo que, a pesar de los años pasados en el seminario y, supuestamente, en la facultad de Psicología, sigue teniendo serias dificultades para la comprensión de conceptos. De no ser así, explíqueme lo absurdo e incoherente de su comentario a esa perla cultivada: "¡Pero, hombre, con el alcalde en la cárcel, alguien tendría que tomar el pueblo (de Librilla)!" Digo yo. Y qué significará "tomar"(sic). Para entender y aplicar las distintas acepciones y significados de un verbo en una oración, como es el caso del verbo "tomar", se requiere solo un mínimo conocimiento gramatical y saber interpretar el contexto. Para su información, son verbos sinónimos de "tomar": arrebatar, ocupar, adquirir, asir, apropiarse, forzar, tragar, abrazar, escoger, etc.
Veo que ud. pasó, al igual que yo, por la gramática latina y griega de Luis Penagos, S. I., pero éstas, al parecer, no pasaron por ud. del mismo modo que por mí o por sus compañeros de antaño, entre los que, hoy, se encuentran insignes catedráticos y magníficos ex rectores y ex vicerrectores -amigos míos- de nuestra Universidad, y cuyos nombres voy a omitir, deliberadamente, por respeto, por educación y por amistad.
Me parece de una excesiva vileza y de una desorbitada infamia, el que usted se meta, tan sarcásticamente, con el alcalde "descamisado" de Librilla , porque "como decía su abuelo, la Libre Villa no merece tener un alcalde como el que tiene"; o, tan despiadadamente, con el de Totana, que "ya no es Totana" desde que su regidor entró en el trullo, en plenas fechas navideñas y con su mujer a punto de dar a luz a su primer hijo; o, cuando se refiere al alcalde de Torre Pacheco y afirma de él -de un modo frío, superficial e impropio de un psicólogo clínico- "que el pueblo no quiere a un edil tan elegante (siempre en traje y con gomina) en prisión y, que le decían los reclusos, que este hombre no paraba de llorar". ¿Se ha dado cuenta de que ud. va también siempre con traje y corbata y, casi nunca desmangado? Ante estos dramas humanos, ud., en vez de compadecerse (en el sentido de "sentir con"), se ríe, burlonamente, de ellos e intenta denostarlos públicamente en este artículo.
Si psicoanalizaran todos sus comentarios vertidos en él, tal vez, encontraran en ellos una mezcla importante de complejos varios, de fijaciones psicológicas, de insatisfacciones personales y de obsesiones familiares y profesionales, aún no superadas.
Si fuera así, podría entender el enconamiento y la saña con la que ataca a las personas citadas. De no ser ese el motivo, debería autoaplicarse, sr. Buendía, la clásica invectiva: "¡Cura te, ipsum!".
A estas alturas, estoy seguro que el bueno de Ramón Luis se habrá dado cuenta -si ha leído su artículo- que si en los últimos 14 años no ha necesitado aumentar los presupuestos de protocolo, no creo que ahora, en plena crisis, lo haga, aunque ésta recomendación venga, altruistamente, de las manos de un ex clérigo católico y de un genuino, experto y versado profesor universitario de Psicología Clínica.