Donante de sangre (bien), donante de órganos (bueno), donante de cara (¡uff!). ¿Acaba ahí la escala?, ¿llegaremos a la donación de alma? Por ahora esas novedades se producen al abrigo de un dogma: la identificación de nuevo y bueno. Es la gran moral de nuestro tiempo: progreso, avance, novedad, cambio, son palabras buenas; sus contrarias son palabras malas. En los polos se acumulan bondad y moral absolutas: futuro= bueno, pasado=malo. ¿Es posible la donación de alma? No debe quedar tanto. Si el cerebro al fin y al cabo es un ordenador, con su memoria, descargar y cargar no resulta inconcebible. Todo el cine que ya se ocupa del asunto nos prepara. Barreras morales no habrá, pues la moral es siempre conveniencia, y a fin de cuentas el albur de prolongar cierta conciencia en otro cuerpo 'en tal caso, ¿quién sería el donante?' podría ser consuelo. La que os espera, jóvenes.