De entre los muchos correos electrónicos que me envían, a mí y a todos los que escribimos en los medios sobre literatura, los jefes de prensa de diversas editoriales con sus "recomendaciones de verano" decido darle cancha a dos. Uno no responde, o lo hace muy tarde, cuando ya termina julio (y por lo tanto voy a ser discreto y no mencionar siquiera su nombre ni el de la editorial que supuestamente debería de esforzarse en promocionar), pero el otro correo es contestado inmediatamente y no han pasado ni veinticuatro horas cuando ya tengo en mi casa los cuatro libros que Elisa Vidal, jefe de prensa de Cátedra y también de Anaya Infantil, recomienda para este verano.
En esta ocasión no le he pedido ninguno de los magníficos libros de cine que edita Cátedra, las biografías de directores son las mejores que he leído, ni tampoco ninguna obra clásica profusamente comentada y con gran cuidado prologada. No. Le he pedido que me enviase los libros de Anaya que le pareciesen más interesantes para... los niños. Podría ser que, en mi optimismo natural, pienso que aún mantengo vivo dentro de mí el niño que un día fui. Y también podría obedecer mi interés en que en mi casa vive un niño de verdad, mi hijo Max de seis años y tengo curiosidad por saber qué se está publicando para que lo lea su generación.
Y aún podría encontrar un tercer motivo para justificar mi petición: muchos de mis colegas de profesión, muchos escritores, se adentran con menor o menor frecuencia en el terreno de la llamada literatura infantil o juvenil, desde Bernardo Atxaga a Lorenzo Silva, pasando por Fernando Marías, José María Plaza o Martín Casariego.
Sin embargo en ninguno de los cuatro libros que me manda Elisa Vidal encuentro el nombre de ningún colega cercano, ningún escritor conocido. Elisa me manda cuatro ejemplos, escogidos para formar una escalera de edades.
El primero, que firma Lucía Serrano, y que se titula 'El día que olvidé cerrar el grifo', es para niños pequeños, y ganó el premio Princesa de Éboli. Mi hijo Max se lo leyó de un tirón, luego se lo leí yo en dos ocasiones y finalmente volvió a leerlo él y lo colocó en su breve biblioteca. Interesante, pero no inolvidable.
El segundo, de Pablo Albo, se titula 'Marabajo', también ganó un premio, el Vila D´Ibi, y es para niños más mayores, de unos ¿diez años? Las ilustraciones, de Jesús Aguado, son muy buenas, y a Max no le interesa aunque yo me lo leo con facilidad y agrado.
El tercero, 'Mil millones de tuberías', firmado por Diego Arboleda y Raúl Sacospe, me gusta más. Las ilustraciones no son primordiales y es una obra original e interesante (no sé si un futuro clásico).
En cuanto al cuarto definitivamente no es una obra para niños menores de doce o catorce años, pero es -debo estar en la franja de los niños mayores de doce o catorce años- para mí el mejor. 'Una habitación en Babel', de Eliacer Cansino, ganador del VI premio Anaya de Literatura Infantil y Juvenil.
Una experiencia, en suma, interesante para alguien que es escritor, padre y, en ocasiones, todavía ingenuo. Gracias, Elisa, por tu envío.