Otro año más los alumnos y funcionarios de la ya popular y conocida Escuela de Agrónomos de la Universidad Politécnica de Cartagena ponen a punto la plantación de viñedo que en la Diputación de La Palma tienen para su mantenimiento y experimentación desde hace tiempo.
En el mes de enero empiezan con la poda, a reponer las cepas nuevas y la labranza del terreno; en marzo se injertan las cepas que están en condiciones para ello; en mayo hay que desborronar para dejar lo mejor que tiene la cepa y a mediados de julio hay que despampanar para que le dé el sol a la uva.
El sol y las altas temperaturas hacen que los racimos adquieran la graduación necesaria para que a mediados de septiembre, mes divino, la uva se torne vino.
Los trabajadores que la Escuela de Agrónomos tiene en la finca de Tomás Ferro son los encargados de realizar este largo proceso, junto con algunos profesores y alumnos que vienen a hacer las prácticas a este viñedo del Campo de Cartagena que sigue cosechando la variedad autóctona de uva meseguera. Al amanecer, cuando el rubicundo Apolo aparece sobre la espaciosa tierra y extiende sus doradas hebras de luz sobre las cepas, la brisa de la mañana crea un suave oleaje que hace resplandecer la verde plantación.
El viento mueve con suma elegancia los sarmientos cubiertos de pámpanos y la temperatura de julio transforma los racimos del verde esperanza al dorado transparente y aterciopelado del ojo viejo.
Con justa razón los viejos cultivadores de viñedos decían que entre Santiago y Santa Ana pintan las uvas, y para la Virgen de agosto ya están maduras.